mudra cósmicoCuando volvió a ver a su primo Tamotsu, éste estaba en uniforme de estudiante y él en ropa de trabajo. El oficio que quería imponerle su padre no le satisfacía mucho pero, por suerte, el padre terminó aceptando que Yasuo no deseaba en absoluto llevar la misma vida que él y sucederlo en sus negocios. De manera que adoptó a un joven que, más adelante, pudiera ocupar su lugar, lo cual era entonces una costumbre habitual en Japón. Yasuo pudo por tanto retomar sus estudios. La familia Majima, una familia del vecindario, de Saga, le ofreció una habitación en su casa para que pudiera trabajar allí. Es aquí donde tuvo su primer encuentro con el Maestro Kodo Sawaki, quien un día iba a transformar su vida por completo.

Sensei contaba: "Sawaki, que, por aquel entonces vivía en los alrededores de Kumamoto, bajaba de vez en cuando a Saga para dar alguna conferencia. Durante esos días le daban mi habitación y yo tenía que dormir en otro cuarto. Un día, cuando vio esto, me llamó y me dijo: "¡Pero quédate y duerme aquí!" Y me ayudó a transladar mi cama y mis cosas a su habitación. Yo tenía dieciocho años, en esa época, y Kodo Sawaki alrededor de cincuenta. Caí inmediatamente bajo su hechizo. Vestía muy modestamente, con un viejo kolomo marrón descolorido, y llevaba siempre una especie de bolsa alrededor del cuello. No obstante, su porte majestuoso imponía respeto. "Deshimaru! -me decía con fuerte voz cuando entraba a mi cuarto.-¡Vengo a molestarte otra vez!." Y sacaba de su bolsa de monje unas galletas de sésamo. Cada vez lo quería más y lo admiraba; sin embargo, no podía decidirme a ir a escuchar sus conferencias. El zen y el zazen eran, para mí, parte de las actividades religiosas prohibidas, porque mi familia pertenecía a la secta "Jodo Shin Shu". El mismo Maestro Kodo Sawaki nunca dijo una palabra del Zen; simplemente, tomábamos el té y comíamos pastas juntos y dormíamos en el mismo cuarto.

Particularmente me acuerdo de que una noche de verano, húmeda y pegajosa, cuando estábamos acostados debajo de la mosquitera y me había dormido, oí que se movía y daba una palmada. Esto me despertó. Eran los mosquitos: había una cantidad increíble dentro de la mosquitera. Miré con detenimiento y vi un gran agujero. "¡Vaya! ¡Estos mosquitos son realmente corrosivos!" dijo Kodo Sawaki, tratando de tapar el agujero con una almohada. Yo no veía adonde quería llegar. "¡Bueno! ¡Al menos los que están fuera no entrarán!. Pero, ¿Qué vamos a hacer con los que están adentro?. Los podemos matar uno por uno, pero ¡mucho me temo que eso nos va a llevar toda la noche! Creo, -dije- que lo mejor sería quitar el mosquitero y volverlo a poner de nuevo. Tienes razón - me dijo - ¡Vamos allá! ¡Ah, Saga es realmente un pueblo plagado de mosquitos! ¡Por suerte sabes como manejarlo!" Mientras sostenía el mosquitero en alto, yo cazaba los mosquitos con un abanico. Por fin, después de muchas persecuciones, pudimos volver a instalar el mosquitero. Pero una vez acostado, me di cuenta de que quedaban algunos dentro: "¡Maestro, quedan algunos!.." No hubo respuesta. Estaba roncando tranquilamente y yo ya no pude dormir. "¡Es increíble!¡Es más duro que uno de Saga!"

Yasuo continuó su adolescencia soñando con las Américas y el éxito mientras proseguía sus estudios de economía, soñando con la pureza y el idealismo mientras estudiaba Budismo en la Universidad. Budismo Teórico, por supuesto. Aunque, un buen día, cuando estaba en el tercer curso de estos mismos estudios y seguía con gran interés los cursos de Moral Budista del Profesor Asahi, así como sus comentarios a cerca del Mumonkan y del Hekiganroku (textos ineludibles de la literatura zen), este último y uno de sus amigos consiguieron convencerle de que participara de una sesshin de Zen Rinzai en el templo Enkaku-ji. Aunque en esta época Yasuo tenía la sensación de estar cometiendo una herejía y de traicionar el "Jodo Shin Shu", sentía un gran respeto por el profesor Asahi y al final, decidió ir a Uinokama en lugar de volver a Saga, como hacía todos los fines de semana. Allí descansó un poco antes de empezar la sesshin.Al día siguiente, pasando por debajo de la gran puerta, penetró en el Templo Korin-ji: ésta fue su primera sesshin.

"Nos despertaron brutalmente a las dos de la mañana - dice Deshimaru -. Me pregunto si no sería el entrenamiento habitual de kendo, del cual yo era quinto dan en aquel entonces, lo que me daba una actitud involuntariamente arrogante; además el joven monje encargado de dar el kyosaku y de vigilar las posturas se ensañó con mi espalda durante los ocho días que duró la sesshin. Con repetidos golpes de los grandes kyosakus que se utilizan en el Rinzai Zen, me pegaba en los hombros ya rojos e inflamados. En los ocho días que llevaba allí, ni siquiera había visto al Profesor Asahi, ni a ningún maestro sensato ser el dirigente de esta seshin. Empezaba a preguntarme si este Zen, acerca del cual tanto había oído hablar, no consistía simplemente en ser golpeado por estos jóvenes monjes. Estaba pues en plena duda cuando, por inadvertencia, cansancio o distracción, el monje torpe y sádico, que se ensañaba conmigo desde hacía varios días, falló el golpe y me dió en la cabeza. Entonces, tal vez sea eso a lo que llaman satori, me olvidé de todo y me encontré, no sé cómo, de pie con el kyosaku entre mis propias manos, atizando al joven monje como se merecía. Surgieron monjes de todos lados y los mandaba a volar por los aires gritando esos grandes "kwats" que tanto aprecian los Rinzai. Querían Zen, ¡iban a tenerlo! "¡Escúchenme bien todos ustedes! ¡Su Zen no tiene nada que ver con la religión, es sólo violencia y fascismo! ¡Nunca más voy a respetarlos y nunca más en mi vida voy a practicar zazen!"

Yasuo hizo rápidamente su mochila y dejó atrás templo y montaña. Se fue a buscar al Profesor Asahi, que vivía en el templo Joshi-ji, y le contó toda la historia, le habló de su indignación y le explicó que había decidido volver a casa. El Profesor soltó una gran carcajada. ¡Desde que existe ese templo no se ha visto ni oído una historia semejante!

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Extraña en verdad es la via que lleva al monte FríoNo se ve ninguna rodada ni huella de casco.Los valles serpentean a perdida de vista,Las cimas destellan de rocío y los pinos murmuranbajo la brisa.No has entendido aún ?La realidad pide a la sombra el camino.

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