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¿Zazen egoísta y dogmático?

Maestro Kosen – Publicado el 29 de marzo – teaching

Pregunta

Llevo algo más de un año practicando. Estoy enganchado a las sesshin, aunque no siempre sean un camino de rosas. Estoy enganchado a mi zazen diario; ya no concibo vivir sin él. He dejado de fumar y de beber, y me encuentro mejor tanto en mi cuerpo como en mi vida. Me voy descubriendo poco a poco… Estoy un poco tarado, pero mola… Incluso he conocido a una chica con la que hablo un poco de mi práctica. Ella cree que ocupa mucho espacio en mi cabeza y en mi vida. Me cuesta imaginar que lo nuestro pueda durar sin que ella se ponga a hacer zazen; tengo la impresión de estar flipando yo solo en mi planeta, y cuando ella se pilla una borrachera, me da una rabia tremenda. Me dan ganas de decirle que eso no es más que una embriaguez de pacotilla, muy lejos de lo que se vive en zazen. ¡Me estoy volviendo totalmente dogmático y moralista, como aquellos a los que no soportaba cuando era un juerguista! Me gusta mucho el rollo de esta chica, pero no se puede atar a las águilas. Tengo miedo de convertirme en un egoísta de nacimiento en nombre de mi felicidad. ¿Y la compasión, dónde queda? ¿Hay que beber y fumar para sintonizar con un colega que está triste? Ya me he perdido demasiado en eso…
Gracias por este espacio de mensajes, me ha venido bien escribir. Me siento un poco gilipollas…, pero
lo envío de todas formas.








Anónimo

Respuesta del maestro Kosen

Tienes suerte.
No es casualidad que los budistas inventaran la noción de bodhisattva. Evidentemente, este es el tema de nuestra vida como practicantes: podemos perfectamente sintonizar con los demás sin destrozarnos la salud, podemos ser verdaderos practicantes sin aislarnos del resto del mundo.
Te envío un poema del maestro Nyojo que te ayudará a comprender…:

Recordando un koan

Un monje preguntó a Hyakujo cuál era la cosa más extraordinaria. Hyakujo respondió: «Sentarse solo en la cima del Daxiong». Pero yo les digo: ¡monjes!, no se emocionen [ante semejante respuesta]. Dejemos que ese tipo se quede sentado hasta morir. Si hoy alguien me preguntara de pronto: «Maestro Jing, ¿cuál es la cosa más extraordinaria?», yo solo le respondería: «¿Qué tiene de especial?». Entonces, al fin y al cabo, ¿qué? Mi cuenco de Jingzi lo he traído a Tiantong para comer mi arroz.

Nyojo.

Kosen


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