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Vida cotidiana/trabajo

Maestro Kosen – Publicado el 19 de diciembre – daily-life

Pregunta

Hola:
Después de ejercer una profesión endiabladamente egocéntrica, ahora soy profesora. Esta elección responde en parte a la necesidad de tener un empleo estable (familia), pero también al deseo de dar a otros y no solo a mí misma, de dar una orientación práctica y constructiva a lo que, de otro modo, seguiría siendo para mí una forma de ganarme la vida sin «alma». Así que llevo dos años, por elección propia, en un instituto muy difícil. Y, en verdad, es una prueba terrible. Creo que he sobreestimado mis fuerzas —tengo un temperamento decidido, por no decir voluntarista— y las duras condiciones de trabajo me agotan hasta tal punto que, aun siendo consciente de ello e intentando cuidarme (sueño, alimentación, deporte), caigo en una tensión nerviosa y moral tan grande que mi cuerpo, literalmente, arde por dentro. Sé que es una imagen extraña, pero es realmente lo que siento: una sensación de inflamación de los tejidos que, por supuesto, afecta también a mi psique y me lleva a una hipersensibilidad extremadamente dolorosa. En definitiva, ahora todo me parece apagado, gris (la vida familiar, las ambiciones, los deseos, las alegrías que conllevan…), y las reacciones de las personas que me rodean, con las que me cruzo, desmesuradas y violentas. Son síntomas de depresión, me dirá. Pero, para serle sincera, me pregunto si lo es realmente o si esta prueba no será beneficiosa: al destruir una vez más una representación ideal de mi yo que trabaja por el bien de la humanidad, quizá esta deconstrucción dolorosa y agotadora podría ayudarme a ver con más lucidez la vacuidad de los fenómenos. El problema es que mi máquina, mi cuerpo, también lo sufre.
Ay, esta larga perorata indigesta, lo siento, me lleva a preguntarle si estoy tensando demasiado la cuerda. Y, si es así, ¿sería tan grave que llegara a romperse?
Un cordial saludo y muchísimas gracias por su atención.

Célia

célia

Respuesta del maestro Kosen

 

¡Lo ha hecho durante dos años! Algunos aguantarán quizá cinco y otros solo uno, pero usted lo ha hecho. Si su cuerpo le dice que pare, debe escucharlo. Quizá sea más útil en otro contexto, y otra persona quizá sea más útil en su puesto. Sea indulgente consigo misma y gracias por su aportación a la sociedad. La educación es lo más importante para nuestras generaciones futuras.

Kosen


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