Inicio/ El zen/ Ensenanzas/ Mondos (pregunta-respuesta)/ ¿Se puede considerar que todo es trabajo?

¿Se puede considerar que todo es trabajo?

Maestro Kosen – Publicado el 1 de abril – daily-life

Pregunta

¿Se puede considerar que todo es trabajo? Sin quererlo, me encuentro en oposición a quienes se pasan el tiempo diciendo y suponiendo que los demás no hacen nada y, por tanto, denigrando todas sus actividades, con el pretexto de que tienen otra profesión, otra actividad, de su juventud, de su condición de estudiantes, de su edad, sexo o país de origen, e incluso ignorando la posibilidad de que padezcan una enfermedad incapacitante. Me pregunto por qué esas personas piensan que son las únicas que trabajan y, sobre todo, sienten tanta ira hacia las personas a las que se dirigen, a priori sin conocer sus razones. Pero ¿se pueden alegar esas razones sin intentar buscar trabajo? ¿A qué edad hay que enfadarse con un niño para obligarlo a trabajar? En definitiva, ¿qué sentido tiene la forma horrible en que se oye a los padres dirigirse a sus hijos cuando se trata de aprender a trabajar? «Trabaja, así me costarás menos», «¿Para qué te he tenido?». ¿Por qué esta relación con el dinero y con ganarse la vida se transmite tan a menudo mediante la culpabilidad de existir? ¿Por qué existe esta confusión en mi mente? ¿Esta barrera entre el amor y el dinero?



Gracias por su respuesta.




Anónimo

Respuesta del maestro Kosen

En el zen, el trabajo (samu en japonés) siempre ha ocupado un lugar importante, puesto que forma parte integrante de la práctica.
El SAMU es la comprensión y la experiencia de la materia como espíritu. ¿De qué sirve vivir en este mundo material si no se realiza el pensamiento a través de la materia? El trabajo con ese espíritu se convierte realmente en una panacea para la conciencia y está en la base de los poderes espirituales. Todos los grandes maestros lo han practicado con asiduidad; por eso la mayoría de las historias zen transcurren en los huertos, en las obras o en las cocinas de los templos.
Por supuesto, muchos tipos de actividades, como la contabilidad, la costura, las respuestas a las preguntas de internet o la preparación de enseñanzas, se consideran igualmente samu de pleno derecho. Observe que en las antiguas historias zen se compara a menudo el espíritu con un grano de sésamo o de arroz, o con una teja, lo que podría parecer incomprensible en un contexto puramente filosófico.
Lo que ha pervertido el sentido del trabajo es, a mi juicio, ante todo la idea de esclavitud, de trabajos forzados, en los que se nos roba, se nos viola nuestra creatividad, nuestra libertad y nuestra identidad. Lo más perjudicial no es la relación con el trabajo, sino la relación con quien le hace trabajar.
En ese momento interviene la noción de violación, más frecuente que la de amor.
Hoy en día, la esclavitud ha adoptado una forma mucho más sutil que llamamos democracia; el progreso consiste en que uno solicita su esclavitud por voluntad propia, e incluso la mendiga. Es el propio contexto social el que deja a la gran mayoría de sus ciudadanos sin más alternativa que aceptar la obligación de vender su cuerpo, su tiempo, a menudo su alma o su identidad, para poder sobrevivir, tener un techo y alimentar a su familia.
Y aun así, más allá del aspecto positivo de que nos permite ganar dinero y del aspecto negativo de los sacrificios y esfuerzos que nos supone, ese trabajo nos aporta, pese a todo, un equilibrio fundamental y la sensación de ser útiles y de existir.
En efecto, su pregunta es notable y generosa, y aborda puntos interesantes. Aunque la propia palabra trabajo sea profundamente negativa (del latín «tripalium», un instrumento de tortura), tiene razón al decir que todo es trabajo y que todo es amor.

Kosen


Ver todos los mondos