Pregunta
Es maravilloso.
Hago una pregunta, lleno de esperanza y de expectativas pueriles, como un niño
que espera que le demuestren un poco de afecto, que le demuestren que existe, que lo quieren de algún modo.
Es el niño el que hace la pregunta.
En cuanto esa pregunta «sale» al espacio virtual, el adulto entra en escena:
como concienzudo profesional de la complicación sistemática a cada paso,
retoma la pregunta y la retuerce cien veces, mil veces, la disecciona, la observa desde todos los ángulos, la analiza, le saca el jugo
y luego elabora una infinidad de hipótesis sobre su origen.
Para acabar descubriendo, inevitablemente, que la respuesta está en todas partes, aquí, ahora, en todas partes.
Entonces reaparece el niño, culpable y ansioso, avergonzado de haber podido molestar,
que intenta disculparse por existir tan mal enviando otro correo a continuación, como este.
Mientras, en secreto, vuelve a esperar que una respuesta amistosa lo tranquilice...
En fin, bienvenido a mi ego.
Parece un mal concurso de televisión.
Pero sigue siendo maravilloso.
Y gracias, de todos modos, por la existencia de este espacio virtual fecundo
que me ha enganchado.
Hasta pronto.
Frédéric
Respuesta del maestro Kosen
Kosen