Pregunta
Todo el mundo envejece, todo el mundo enferma, todo el mundo muere. Entonces, ¿cuál es exactamente la diferencia, en el momento de la muerte, entre una persona iluminada y una persona corriente?
¿Qué nos aporta exactamente la iluminación, si de todos modos vamos a morir? ¿Por qué, entonces, pasar tanto tiempo sentados? ¿Por qué no perdernos en los placeres sensuales, si a todos nos espera el mismo destino?
Por favor, aclare mis dudas, especialmente la primera. Gracias.
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
Solo puedo hacer conjeturas, pues, en realidad, ¿quién puede afirmar que está iluminado o despierto? ¿Existen la iluminación o el despertar? En fin, ¿qué diferencia podría haber, en el momento de la muerte, entre alguien que conoce su vida, su mente, que ya ha abandonado muchos apegos, alguien con cierta comprensión y quizá también con algo de sabiduría, y alguien que no conoce su propio mundo?
La primera persona, en principio, comprende que la muerte es natural, que si hay vida, necesariamente hay también muerte. Así que, con un poco de suerte, puede morir en paz, o sin resistirse a la muerte con todo su cuerpo y toda su mente. ¿Tendrá la segunda persona una partida igual de tranquila? Quizá sí, quizá no.
En cualquier caso, lo importante es que la vida es enteramente vida, y la muerte, enteramente muerte. La vida no conoce la muerte y la muerte no conoce la vida. Por el momento estamos vivos. Lo importante, ahora, es qué hacemos con nuestras vidas.
Preguntarse qué hará la iluminación por usted es una cuestión que se plantea porque piensa que la iluminación es algo especial que debería poseer. Si desea entregarse por completo a los deseos, hágalo; al final llegará un momento en que eso dejará de satisfacerle. Todo lo que busque acabará sin satisfacerle plenamente. Esa es la razón. Busque algo que le satisfaga profundamente, por completo, enteramente, que le llene de alegría, felicidad, luz, amor y compasión por todos, y compárelo con lo que puede conseguir entregándose a todos los deseos. Verá claramente la diferencia.
Kosen