Pregunta
Con la práctica, me siento cada vez más conectado con esa energía que hay en el fondo de nosotros mismos y que parece estar más allá de todo karma: infinita, poderosísima, inagotable... Y, aunque mi cuerpo está a menudo cansado, siento que de verdad me sostiene... De acuerdo, pero me pregunto: ¿qué es la energía ancestral de la que hablan los taoístas en comparación con esta? ¿Es una energía, digamos, de menor calidad? ¿Actúa de manera independiente de la otra? El arhat, que se supone que forma un solo cuerpo por completo con la primera, ¿manda la segunda a paseo? Gracias.
Gassho
Laurent Costamagna
Respuesta del maestro Kosen
La energía está por todas partes, en todas las cosas. La energía ancestral de la que habla, en chino el jing, es muy particular: al nacer tenemos una cantidad determinada y la vamos gastando hasta que no queda nada; se supone que puede mantenernos vivos hasta unos 120 años. Por eso los antiguos que deseaban vivir muchos años ahorraban su energía sexual. Como seres humanos, funcionamos, por tanto, gracias a esa energía ancestral, pero también gracias a los alimentos que consumimos cada día. Y también gracias al aire que respiramos a cada instante. Estamos, pues, en constante intercambio con la energía cósmica en todas sus formas. Cuando practicamos zazen, la postura sentada de Buda, todo vuelve a su lugar: los huesos, los tendones, las vértebras, la circulación de la sangre, la ergonomía del cerebro, el tono adecuado de los músculos internos y externos; también la energía se canaliza y se centra. De este proceso procede la sensación de fuerza y serenidad.
Kosen