Pregunta
Gracias por su respuesta. Estoy de acuerdo con el conjunto de sus percepciones. Usted me dijo esto:
«El tiempo está ligado al espacio.
Se puede volver aquí, pero no se puede volver ahora.
Querer mantener el instante ya es perderlo.
Hay un ahora que no desaparece, pero no se puede encontrar en el tiempo, sino en el espacio. Hay un camino para llegar a él, un camino en nuestro propio cerebro. Hay que limpiar ese camino y recorrerlo una y otra vez hasta que resulte familiar y ya no lo perdamos. Una vez que lo conocemos, ya no tenemos miedo de perdernos». ¡Kosen!
Ese camino del que habla, según mi propia percepción, no está situado en el cerebro, sino en la conciencia; y la conciencia, también según yo, es el espacio, tanto si está dentro como fuera de nosotros. Si no hay conciencia, no hay espacio, puesto que nuestra conciencia determina el espacio y, por tanto, el mundo fenoménico. Cuando hablo de esa conciencia, no es la que ve el ego que se cree separado, sino la conciencia que se ve a sí misma, y esa conciencia es común a todos, porque sin ella nada existiría o, al menos, no habría conciencia alguna de un espacio o una materia existentes. Y en esa conciencia de la que hablo hay una lámpara que la ilumina; de lo contrario, no veríamos nada, seríamos conscientes sin ver nada, un poco como en un cine donde hay una pantalla: pasa la película, pero hay una luz detrás de la pantalla que permite verla. Si no hubiera luz, la película podría proyectarse, pero no veríamos nada. :-) Recuerdo que Sogyal Rinpoche cita un ejemplo como ese, el de la luz detrás de la pantalla que permite ver la proyección de la película. Para mí, esa luz está en la conciencia, no en el cerebro, y es esa luz la que nos permite darnos cuenta de que existimos, al igual que el mundo fenoménico. También según mi percepción, esa luz de la conciencia no desaparece después de la muerte; simplemente puede quedar oscurecida o velada por el choque de la muerte. La luz de esa conciencia es el misterio, como la vida, porque para mí esa luz es la vida. El tiempo solo es relativo a nuestro mundo y a nosotros mismos; esa luz, en sí misma, no tiene tiempo. Esa conciencia luminosa es, simplemente, y nada la afecta. Nuestro cuerpo, nuestra mente o nuestro cerebro pueden verse afectados, pero no el hecho de ser o de percibir sin pensamiento. Personalmente, cuando miro el mundo fenoménico, tengo instantes de percepción así y entonces pienso: «Todo esto es un milagro, ¿cómo es posible semejante milagro? ¿Cómo es posible este milagro de ser consciente? ¿Dónde está quien enciende la lámpara para que podamos ver?». :-)) Una energía autoconsciente o un Dios incognoscible. Ahí está el misterio. Por mi parte, estoy convencido de que hay cosas a las que no tenemos acceso mientras vivimos; podemos percibirlas, pero no sacar conclusiones.
¿Qué opina de todo esto?
Stéphane Guery (!) :-))
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
No avalo en absoluto ese tipo de filosofía que intenta separar el cerebro y la conciencia, según la cual el cerebro quedaría limitado a la conciencia cognitiva y constituiría un obstáculo en la vía, mientras que la conciencia sería pura y estaría desligada del cuerpo. Lo mismo ocurre con el cuerpo y la mente, y con el ego y el atman.
El propio Buda cuestionó esa idea dualista en la Prajna Paramita.
Es un clásico que se denomina la herejía de Sénica.
Para comprender el budismo auténtico, hay que comprender «la materia como mente».
Kosen