Pregunta
Llevo más de diez años practicando. ¿Qué hacer cuando llega un deseo intenso, en mi caso el de fumar un cigarrillo, para no sucumbir a él? Me concentro en la respiración, lo dejo pasar, observo lo que ocurre, observo quién tiene ese deseo, intento no moverme… Funciona la mayoría de las veces, pero en ocasiones el deseo es muy fuerte y recaigo… Es una lucha que se prolonga, que está demasiado presente, como una obsesión por temporadas, y no encuentro la raíz que cortar para que desaparezca esa tentación. Gracias por escucharme. Que sigas bien.
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
Cambie de idea, observe ese deseo tan fuerte que desaparece tan deprisa cuando se deja pasar; espire esa dependencia y esa contaminación, inspire amor y vida y dé las gracias. Ame y agradezca poder respirar libremente, persevere, no dé ni una sola calada bajo ningún concepto. Tome conciencia y no olvide el asco al tabaco que le motivó a emprender esta lucha: los ceniceros llenos, ese polvo, esa dependencia; no lo olvide. Sea paciente, concéntrese en los beneficios y no en la falta. Emprenda cosas que antes no hacía porque fumaba. Correr, practicar apnea, pranayama, descubrir la increíble capacidad de la respiración humana, hasta entonces esclavizada por el tabaco. Sepa que el origen de la adicción social al tabaco, transmitida de padres a hijos desde aquella época, está en la guerra, en particular en la de 1914-1918, del mismo modo que los soldados estadounidenses volvieron de Vietnam e Irak adictos a las anfetaminas, la heroína y otras drogas como la cocaína. Para soportar aquella barbarie, para soportar que tenían que ir a morir, se daba a los militares tabaco y vino tinto. Y después los civiles, queriendo de algún modo compartir su heroísmo, contrajeron ese hábito nefasto de protegerse del horror tragándose la angustia en forma de humo, que se convirtió en la moda del tabaco. Con el apoyo del Estado, que fabricaba él mismo ese producto y obtenía enormes beneficios, se intoxicó a poblaciones enteras, tanto en el trabajo como en el ejército, donde se le ofrecía tabaco gratis como un rito de iniciación para ser aceptado en el mundo adulto. Hasta el día en que, al tomar conciencia de que el tabaco costaba dinero en lugar de producirlo, el Estado y las aseguradoras empezaron a perseguir a los fumadores y decidieron eliminarlos.
Kosen