Pregunta
Hola:
Trabajo en un centro terapéutico de investigación psicoanalítica. Hago presentaciones clínicas sobre autistas y psicóticos. El centro donde trabajo se basa mucho en los trabajos de Lacan, pero debo reconocer que a veces mis interpretaciones vuelven a imponerse.
¿Zazen puede ayudarme a ir más allá? ¿Y cómo dejar de oír todos esos significantes?
Florence
Respuesta del maestro Kosen
Así como Lacan nos indica que las palabras son el punto de apoyo del inconsciente, todo en el universo es una cuestión de punto de apoyo para existir, para revelarse, y debe descansar sobre un punto de apoyo.
Por ejemplo, el movimiento se apoya en la inmovilidad; por eso en zazen no debemos movernos. Durante zazen, si queremos descubrir el mundo interior, el mundo de la mente, el punto de apoyo es el cuerpo. Del mismo modo, sin la luz como punto de apoyo, la oscuridad no podría existir, y sin oscuridad la luz no significaría nada. La mente se apoya siempre en el cuerpo para revelarse. La propia sustancia del cuerpo y de la materia es, a su vez, mente. Porque no se puede diferenciar materia y mente.
Si diferenciamos las cosas, es para obtener puntos de apoyo. Por ejemplo, la pierna derecha y la izquierda para avanzar, para caminar: si no tiene una pierna que va hacia atrás, tampoco tiene una que va hacia delante. También hay que comprender bien las cosas, discernirlas. Por ejemplo, en zazen se hace evidente enseguida: sentimos las cosas con el cuerpo, con la materia de nuestro ser. Si no tuviéramos cuerpo, no sentiríamos las cosas. El cuerpo es el punto de apoyo de las sensaciones.
En particular, cuando empieza a practicar zen, resulta bastante difícil. Esta postura es difícil y lo primero que descubre es que el cuerpo material duele. Después distinguimos las distintas sensaciones en placer y dolor. Hay personas que sienten placer en el dolor, personas a las que les gusta sufrir o que son masoquistas. Y, finalmente, nos daremos cuenta de que, en el fondo, las distintas sensaciones del cuerpo son solo nociones. Por tanto, hay que centrar la sensación en su conjunto. Para ello, una vez más, hay que apoyarse en algo.
La postura de zazen es estricta. Es una postura que la humanidad practica desde hace un tiempo que no podemos calcular exactamente, pero al menos desde hace 5000 años, probablemente 10 000 o 100 000. En todas las tradiciones que se han encontrado, todas las descripciones de esta postura son semejantes, exactas, precisas. El ser humano se sienta sobre un cojín, que puede ser un montón de hierba, o a veces incluso sobre una piedra; eleva ligeramente las nalgas, bascula la pelvis hacia delante, estira bien la columna vertebral, con la espalda bien recta y la cabeza erguida. Empuja el cielo con la cabeza, tiene las piernas cruzadas en loto o medio loto y las rodillas firmemente apoyadas en el suelo. El punto de apoyo absoluto en el que es posible relajarse y abandonarse por completo y, al mismo tiempo, mantener un tono muscular suficiente para permanecer perfectamente alerta y no dormirse. Y ahí se observan el cuerpo y la mente.
Entonces usted me dirá: ¿creo en la mente, en la presencia de la mente? El cuerpo, bueno, podemos verlo, tocarlo. ¿Qué es la mente? ¿Dónde se encuentra? ¿Está en el cerebro? De todo lo que hemos podido observar en el cuerpo, vemos la piel, la carne, la sangre, los huesos, la médula, los órganos, todo eso, pero la sustancia de la mente es difícil de detectar. Hay personas que han realizado experimentos al respecto. Por ejemplo, pesaron a una persona agonizante antes y después de morir. Calcularon el peso de esa sustancia en unos 30 gramos. Es decir, cuando morimos, perdemos 30 gramos.
Por tanto, la mente también tiene una sustancia. ¿Puede decirse que el cuerpo, tras el fallecimiento, tras la muerte, no es espiritual, que ya no es espiritual y es solo material? Desde luego que no: las células siguen viviendo, los átomos siguen girando. Incluso la muerte sigue siendo vida. Así que zazen consiste en descubrirse a uno mismo e intimar consigo mismo. Aprender a mantenerse en equilibrio, a permanecer inmóvil, a respirar, a descubrir el cuerpo y la mente. A soltar, a descubrir la inmensa libertad que nos pertenece.
Kosen