Pregunta
Quizá ni siquiera debería hacerte esta pregunta, porque se refiere a una relación con otro maestro, pero aun así me apetece. Me ahorraré los detalles: sería demasiado largo.
El caso es que hoy, después de haber decidido no verlo durante un tiempo, solo tengo un deseo: ir a sentarme con quien considero mi maestro. Sin embargo, por diversas razones, he llegado a una etapa de mi relación con él en la que solo tengo ganas de una cosa: darle una bofetada. No quiero juzgar si está bien o mal; es lo que siento, y junto a ese deseo coexiste un amor muy grande, quizá mayor que el que siento por mi padre. Así que sí, me da miedo ese deseo visceral de soltarle un tortazo. Sé que forma parte de la historia de algunos maestros antiguos, y no quiero imitarlo. Pero no puedo mentirme a mí mismo ni a él, como tampoco quiero romper ese vínculo.
Mi pregunta de fondo es: ¿darle una bofetada al maestro es otra manera de hacer sampai ante él? ¿Y la capacidad de un maestro para recibirla es lo que permite reconocer a un auténtico transmisor del dharma?
Gracias.
Que siga todo bien.
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
Diría que este tipo de relación entre maestro y discípulo es un tanto neurótica. Comprendo que se pueda sentir amor y respeto por el profesor que transmite con tanta generosidad su valioso saber; comprendo que se pueda esperar que se fije en nosotros y nos dé alguna señal de reconocimiento. Pero, si le entregas tu propio poder y deseas mantener una relación de dependencia con él, vas por mal camino y debe corregirte con habilidad. Y si él fomenta este tipo de relación con sus discípulos, en lugar de revelarles su propia naturaleza, como ocurre a menudo, también va por mal camino y se merece una hostia en la cara.
Son muy escasos los maestros auténticos cuya única preocupación es la salvación de los demás; ni siquiera sé si merezco incluirme en esa categoría.
Kosen