Pregunta
Usted escribió:
«Todas las leyes importantes deberían someterse a referéndum popular.
El propio pueblo también debería poder proponer votaciones, a condición
de aportar previamente un determinado número de firmas».
¿Cómo explica que la lógica «referendaria» esté en el centro del
programa del Frente Nacional, en Francia, y que la combatan
toda la izquierda y parte de la derecha, porque, supuestamente,
negaría el sistema de representación de los partidos y de la
Asamblea Nacional y, por tanto, la democracia tal como se entiende en el
sistema institucional de la Quinta República?
Y es cierto: en el sistema referendario, ¿para qué sirve una representación
de los partidos en la Asamblea si las decisiones importantes se toman sin ellos?
¿Eh?
Bastaría un sistema monárquico que se dirigiera al pueblo mediante referéndum de vez en cuando,
sí.
«¡Mueran los partidos y la Asamblea Nacional, viva el referéndum popular
!». Es un poco el vademécum de la derecha populista extrema, monárquica, etc.,
etc. Un buen rey omnipotente, sin Asamblea ni partidos, y el buen pueblo
enfrente, de vez en cuando, cuando se digna pedirle su opinión.
Todo esto no me parece serio; quiero decir, ni progresista ni
democrático.
En cambio, que la gente organice y defina por sí misma las modalidades
y los objetivos de la producción —qué producir, para quién y cómo—, sin
quedar sometida a intereses alienados externos, como los accionistas, etc., y
que defina por sí misma y de forma continua las leyes que rigen su
organización social, sin presidente, dios ni amo que la someta, a eso sí
lo llamo «democracia».
Democracia popular, del pueblo, en definitiva…
¿Qué opina usted?
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
Creo que está usted completamente en la onda de los tiempos, mucho más preocupado por la producción de no se sabe qué que por la elaboración de nuevas leyes hechas por el pueblo y aplicadas por el gobierno. ¿Derecha liberal, supongo?
Si el referéndum popular es uno de los caballos de batalla del FN (?), seguramente se debe a que su discurso populista y activista le empuja a ello y a que representa un argumento de campaña nuevo del que probablemente querría sacar partido. El referéndum solo perjudica a quienes temen la opinión y el poder del pueblo, a quienes creen que el pueblo no es capaz de decidir la evolución de su sistema social o, peor aún, que carece de iniciativa.
Por supuesto que, si el pueblo lo decide todo, los políticos tienen motivos para preocuparse. En efecto, pasarían del papel de estrellas del espectáculo a aquel por el que se les paga realmente: el de funcionarios del Estado, coordinadores técnicos o, en cierto modo, agentes de evolución, cuya utilidad dependería de la opinión del pueblo y ya no de las audiencias ni de los sondeos.
Ahora bien, al hablar de referéndum popular, precisamente no hay que confundirlo con una lógica populista de activismo «referendario», con el antiguo cuaderno de quejas del tercer estado ni con una forma de negociación interna propia de algunas empresas privilegiadas. Que los ciudadanos propongan y voten leyes es un signo de gran madurez, confianza social, iniciativa y evolución. Así, con confianza y movilizados, trabajamos MEJOR para ganar más.
Kosen