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Sotoshu: respuesta de Roland Rech y respuesta de Kosen

Maestro Kosen – Publicado el 15 de noviembre – dialogues-with-rolan

Pregunta

Relaciones con la Sotoshu Shumucho.

En una respuesta a la pregunta de si su sangha estaba reconocida por la Sotoshu en Japón, el maestro Kosen Stéphane Thibaut emitió juicios negativos sobre la actitud de los enseñantes de la AZI y sobre la mía en particular, basados en informaciones erróneas. Por ello, solicito la publicación de la siguiente aclaración, que haré en primera persona, ya que en este ámbito espiritual cada cual debe asumir su responsabilidad.
No he traicionado el linaje del maestro Deshimaru, que sigue figurando en los ketsumyaku que entrego en las ordenaciones. Creo más que nunca en el valor universal de su enseñanza. De hecho, la AZI está preparando un coloquio con motivo del cuadragésimo aniversario de su misión, en junio de 2007, en La Gendronnière.
Como deseaba el sensei Deshimaru, nos hemos armonizado con la Sotoshu participando en las sesshin que nos han permitido ser reconocidos oficialmente como
dendokyoshi: enseñantes del zen soto fuera de Japón. En ningún momento se nos ha pedido que sigamos el «zen japonés» ni que adoptemos todas sus reglas y rituales.
Los dos representantes de la Shumucho que han venido a Europa desde 2002 nos han animado a crear nuestras propias reglas, y eso hacemos, inspirándonos en la tradición, como hacía el sensei. En cuanto a Kodo Sawaki, pertenecía a la Sotoshu e incluso ejerció funciones de enseñante dentro de esta escuela. Ordenó a muchos monjes reconocidos por la Sotoshu.
El maestro Deshimaru pedía a la Sotoshu que adaptara sus reglas para tener en cuenta la realidad occidental, y eso es lo que estamos consiguiendo. Pero para ello hay que dialogar, no retirarse en una actitud de desprecio.
Señalemos que la Sotoshu Shumucho no es un organismo estatal constituido al final de la Segunda Guerra Mundial a petición del gobierno fascista. Fue creada hacia 1870 por los zenji de Eiheiji y Sojiji para armonizar las dos ramas del zen soto en Japón.
La Sotoshu no nos ha impuesto sus reglas ni se ha apropiado de La Gendronnière.
Aún habría mucho que decir para rectificar las afirmaciones de Stéphane. Pero, para abordar lo que le preocupa sobre sus ordenaciones, nunca he cuestionado su valor ni sugerido la necesidad de volver a ordenarse. He aceptado volver a ordenar a algunos monjes y monjas que deseaban confirmar así que se habían convertido en mis discípulos y ser reconocidos como tales por la sotoshu. Esta nueva ordenación expresa su fe en el dharma transmitido en una verdadera relación de maestro y discípulo.
Roland Yuno Rech

Roland Rech

Respuesta del maestro Kosen

En una respuesta a la pregunta de si su sangha estaba reconocida por la Sotoshu en Japón, el maestro Kosen Stéphane Thibaut emitió juicios negativos sobre la actitud de los enseñantes de la AZI y sobre la mía en particular, basados en informaciones erróneas. Por ello, solicito la publicación de la siguiente aclaración, que haré en primera persona, ya que en este ámbito espiritual cada cual debe asumir su responsabilidad.

Si lo entiendo bien, no eres necesariamente solidario con los demás enseñantes de la AZI, al igual que ellos no son necesariamente solidarios contigo.
No he traicionado el linaje del maestro Deshimaru, que sigue figurando en los ketsumyaku que entrego en las ordenaciones.

¡¡¡Menos mal!!!
Creo más que nunca en el valor universal de su enseñanza. De hecho, la AZI está preparando un coloquio con motivo del cuadragésimo aniversario de su misión, en junio de 2007, en La Gendronnière.

Qué buena noticia; supongo que me invitarán. Tengo cosas interesantes que decir sobre la universalidad de su enseñanza.
Como deseaba el sensei Deshimaru, nos hemos armonizado con la Sotoshu participando en las sesshin que nos han permitido ser reconocidos oficialmente como dendokyoshi: enseñantes del zen soto fuera de Japón. En ningún momento se nos ha pedido que sigamos el «zen japonés» ni que adoptemos todas sus reglas y rituales.

Discúlpame, pero yo hablo de armonizarnos como discípulos de Deshimaru, es decir, de seguir siendo corteses y respetuosos, de conmemorar de vez en cuando algún aniversario, pero no de convertirnos en monjes de la sotoshu. Llevamos más de treinta años enseñando zen fuera de Japón, y por petición del propio Deshimaru. No veo por qué habría podido desear que, después de todo este tiempo, fuéramos a mendigar permiso para hacerlo, practicando, además, una sesshin con Harada. Todo el mundo sabe que el objetivo principal de esas tokubetsu sesshin es aprender las maneras japonesas para enseñar un zen sotoshu fuera de Japón. De hecho, cuando ustedes salieron de ellas, lo primero que hicieron fue cambiar las reglas y maneras de antes, incluida la de cantar el Hannya Shingyo, que ahora se susurra en el dojo de París en vez de cantarlo con fuerza, como nos había enseñado el sensei. El sensei nunca deseó semejante armonización y, si la hubiera deseado, nos habría enseñado todo eso en vida o habría traído a un especialista de Japón para inculcárnoslo. Tuvo quince años para hacerlo y, si no lo hizo, fue porque no lo consideraba importante, o incluso porque lo veía como un elemento parasitario respecto a lo esencial de su enseñanza.

Como dices, el zen de Deshimaru es universal, pero, tanto en calidad como en cantidad, está justamente dosificado y conserva la esencia sencilla y directa. Es universal, más allá del tiempo y del espacio, es patrimonio de la humanidad y una vida no basta para profundizar en su alcance y su profundo significado. Eso es mucho más valioso que ser reconocido por la sotoshu. Cuando piensas que el kaikyosokan, que, aclaro para los lectores, es el garante designado por la sotoshu para el zen occidental, ni siquiera es discípulo de Deshimaru, cuando este es su fundador, es una vergüenza.
Los dos representantes de la Shumucho que han venido a Europa desde 2002 nos han animado a crear nuestras propias reglas, y eso hacemos, inspirándonos en la tradición, como hacía el sensei.

¿Qué son esos dos representantes de la Shumucho, los de asuntos internos? ¿La policía de la policía? Les animan a crear sus propias reglas a partir de las de la sotoshu, no de las de Deshimaru.

A partir de las formas sencillas de Deshimaru, es evidente que el maestro puede aportar su propio toque. Yo mismo he modificado algunas cosas; por ejemplo, por la mañana hacemos nueve postraciones ante la guenmai. Eso nos hace felices y refuerza nuestra fe.
En cuanto a Kodo Sawaki, pertenecía a la Sotoshu e incluso ejerció funciones de enseñante dentro de esta escuela. Ordenó a muchos monjes reconocidos por la Sotoshu.

Sabemos bien que en Japón no hay un centímetro cuadrado de tatami zen que no esté bajo el control de la shumusho o sotoshu. Ni que decir tiene que la Universidad de Komasawa, donde Kodo enseñó a los jóvenes estudiantes, y el templo de Sojiji, donde fue instructor de zazen, no son excepciones. Eso no significa que se pueda decir que «pertenecía» a la sotoshu; no juguemos con las palabras. Todo el mundo está obligado a pagar el parquímetro sin sentirse por ello obligado a votar a Sarkozy.

Recuerdo que Étienne, hace unos años, publicó una entrevista a Kosho Murakami, que había sido discípulo de Kodo Sawaki desde 1957, su secretario desde 1959 y lo había seguido hasta su muerte. Cito algunas de sus palabras: «Cuando Sawaki se enfadaba, su voz se volvía terrible y hacía temblar todo a su alrededor. […] Ahora, en Japón, ya nadie sigue la vía de Kodo, su estilo de vida. […] Hoy los verdaderos monjes son escasos. A Kodo no le gustaba Eihei-Ji».

¿A qué llama usted el «estilo de Kodo Sawaki»?

La verdadera religión no puede vivir en los templos. Kodo tuvo una infancia dura: huérfano, fue acogido por un pariente gánster. Por eso fue capaz de comprender profundamente el sufrimiento de los demás. […] El verdadero monje es como un tigre en el bosque. Quienes viven en los templos no viven como Buda. Kodo no permitía que sus discípulos siguieran la vía de los templos.

Solo he recibido la ordenación de monje y no he recibido el shiho de ningún otro maestro, porque no he encontrado otro aparte de Kodo. No pertenezco a la organización sotoshu; creo que lo mejor es ser independiente. No me interesa obtener diplomas; lo que importa hoy es seguir el espíritu de Buda. Hay que ser directamente discípulo de Buda, no a través del shiho formal.

El verdadero shiho consiste en aceptar el dharma de un verdadero maestro.

[…] Kodo Sawaki tuvo muchos discípulos, pero solo uno recibió la verdadera transmisión y continuó su estilo.

Uchiyama Kosho cambió su estilo. Narita Roshi tiene un gran templo, está en la organización sotoshu y hace lo que puede dentro de ese marco: hace zazen con hombres de negocios.---------------Espero que esto sirva para orientar a los discípulos./
El maestro Deshimaru pedía a la Sotoshu que adaptara sus reglas para tener en cuenta la realidad occidental, y eso es lo que estamos consiguiendo. Pero para ello hay que dialogar, no retirarse en una actitud de desprecio.

Una vez más, no estoy de acuerdo. El sensei nunca pidió ese tipo de cosas a la sotoshu, y que ustedes, treinta años después, estén negociando para obtener ese tipo de permiso, cuando ya lo han recibido todo, es ridículo. De acuerdo en que hay que dialogar para crear la realidad del zen en Occidente, pero para ello tendrían que invitarme a hacerlo. En cuanto a negociar la enseñanza del maestro, eso es otra cuestión.
Señalemos que la Sotoshu Shumucho no es un organismo estatal constituido al final de la Segunda Guerra Mundial a petición del gobierno fascista. Fue creada hacia 1870 por los zenji de Eiheiji y Sojiji para armonizar las dos ramas del zen soto en Japón.

Que la sotoshu sea o no un organismo oficial del Estado, que se creara durante la restauración Meiji, iniciada en 1868, durante la dictadura de la era Taisho, que marcó la pausa entre las dos guerras mundiales, durante el expansionismo japonés, que decayó gravemente entre 1942 y 1945, o al resplandor del internacionalismo occidental de finales del siglo XX, no cambia el hecho de que la sotoshu, desde su creación por Keizan en el siglo XIV, no ha cesado de reformular su visión del dharma para sobrevivir, en particular, a las presiones sociales, primero de orden shogunal y después imperial. Una publicación de la Sotoshu Shumucho de 1995, «Sotoshu shusei sogo chosa hokokusho», que recoge las modificaciones estatutarias de aquella época, no menciona en absoluto los objetivos reunificadores que Roland ha presentado en su derecho de réplica; de buena fe, y dada la abundante bibliografía japonesa sobre el tema, le concederemos el beneficio de la duda.

Aclaro para los lectores que las reformas que entraron en vigor en aquella época se referían, según los trabajos de Yasuaki Nara, al estatus social de los abades y, más concretamente, a su acceso al matrimonio y a un trabajo fuera de la comunidad. Estas modificaciones también se adoptaron para reposicionar a la sotoshu respecto a los derechos humanos y al medioambiente. En efecto, se llevó a cabo una reforma doctrinal para limitar los preocupantes fenómenos de discriminación de las clases rurales marginadas por parte de los sacerdotes.

Hoy resulta evidente, y así lo reconocen la mayoría de los responsables de la espiritualidad budista, si me remito a las palabras de Roland o a las de Nichijima publicadas en internet en marzo de 1999, así como la propia sotoshu, que lo confesó en 1992, que esta ética no supo resistir las presiones gubernamentales que comenzaron a principios del siglo XX, ni siquiera las de la AZI, que, como menciona Roland en su derecho de réplica, ha sabido obtener adaptaciones occidentalizadoras de ese zen japonés necesitado de evolución.

Hay que entender que la Sotoshu, en general, ha tenido como objetivo institucionalizar reglas y reformarlas con el tiempo para responder a las demandas de organismos más influyentes. En 1999 se formó la nueva sotoshu mediante la unión de tres institutos, en particular para subsanar carencias relativas al desarrollo de ciertas ceremonias, como los rituales funerarios, que fueron su primer centro de interés. En definitiva: mueran bien, mueran «Sotoshu».
La Sotoshu no nos ha impuesto sus reglas ni se ha apropiado de La Gendronnière.

Si el espíritu de Deshimaru siguiera vivo en La Gendronnière, no se me prohibiría practicar allí de vez en cuando con mis discípulos.
Aún habría mucho que decir para rectificar las afirmaciones de Stéphane. Pero, para abordar lo que le preocupa sobre sus ordenaciones, nunca he cuestionado su valor ni sugerido la necesidad de volver a ordenarse.

Sin embargo, este es el testimonio que recibí de alguien que practica en tu dojo de Niza:
En el dojo de Niza, Roland habló mucho de ello a sus discípulos hace tres o cuatro meses: de la importancia que tenía para él estar registrado como maestro zen en la Sotoshu de Milán y de que sus discípulos se registraran también en la Sotoshu como monjes o monjas y como discípulos suyos.

Pidió, o más bien sugirió, que cada cual reflexionara sobre ello, y casi todos lo hicieron.

A mí me dijo: haz lo que quieras, pero, si quieres estar registrada y reconocida como monja en Japón, tendrás que volver a ordenarte conmigo, porque Stef no quiso registrarse en la Sotoshu como maestro y, por tanto, sus discípulos no están reconocidos como monjes en Japón.

Le respondí: «No puedo renegar de mis ordenaciones. Stéphane me ordenó dos veces, como bodhisattva y como monja, y fueron verdaderas ordenaciones. Stéphane es realmente mi maestro y estoy orgullosa de haber sido ordenada por un maestro así».

Pero no hay ningún problema. Roland me dijo: «Que no vuelvas a ordenarte conmigo no cambia absolutamente nada entre nosotros».
He aceptado volver a ordenar a algunos monjes y monjas que deseaban confirmar así que se habían convertido en mis discípulos y ser reconocidos como tales por la sotoshu. Esta nueva ordenación expresa su fe en el dharma transmitido en una verdadera relación de maestro y discípulo.

Roland Yuno Rech

Yo tampoco cuestiono la sinceridad ni el derecho de los discípulos a seguirte plenamente como su enseñante, aunque hayan recibido la ordenación de mí. Pero, una vez más, la sotoshu complica las cosas al obligarte a proponer un contrato con doble cláusula: ordenación en el dharma y afiliación al zen japonés. Que esas personas necesiten una certificación externa adicional y no se conformen con la certificación universal me hace dudar de la profundidad de esa relación de maestro y discípulo y de la enseñanza vinculada a ella.

Sariputra, Mokuren y Anandha daban ordenaciones en vida de Buda Shakyamuni.

Esas personas no iban después a volver a ordenarse, ni siquiera con el propio Buda. Se consideraban monjes y monjas en el dharma. Eso demuestra que las ordenaciones no son ni un contrato nominativo que implique seguir a una persona concreta ni una cláusula de inscripción en una organización. Por ello, pienso que la elección que ustedes han hecho perjudica la ética que nos transmitió nuestro maestro, que él mismo había recibido del maestro Kodo Sawaki y que nosotros tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestra vez.

En cualquier caso, y para concluir, querido Roland, estoy muy contento y honrado de haber podido mantener esta conversación profunda contigo y de que así hayamos podido expresar nuestras ideas sinceras sobre un asunto que me parece importante.

Dicho esto, deseo que los lectores no interpreten este intercambio como una competición en la que uno de los dos tiene razón, porque sé muy bien, en el fondo de mí mismo, que haces tu trabajo con la mayor sinceridad, y sé muy bien que el sensei deseaba que ocuparas ese lugar y cumplieras esa tarea.

Aunque yo exprese un aspecto de Deshimaru y tú otro, que pueden parecer distintos e incluso a veces antagónicos, es necesario, pese a todo, que la gente comprenda la dimensión de nuestro maestro y su verdadera universalidad y que, gracias a ello, pueda abarcar las contradicciones aparentes.

Kosen


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