Pregunta
Mi comprensión de «Mu» es que «Mu» es «no lo que es» y, sin embargo, significa «nada».
Por eso, si digo en voz alta «ola», tengo razón, pero si digo en voz alta «Mu», me equivoco, porque no se puede hablar de «Mu».
¿Tengo «razón», estoy «equivocado» o «Mu»? Si es así, ¿cómo lo sabe usted?
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
El maestro Kosen estudió esta pregunta durante una sesshin de otoño, en noviembre de 1996. Este es el kusen que dio:
En Bussho, la naturaleza de Buda, un capítulo del Shobogenzo del maestro
Dogen, encontramos este mondo que trata un punto muy importante y que
representa para mí lo esencial de lo que es el zen.
Es ese famoso koan, el koan histórico más célebre del zen:
Un monje preguntó al maestro Josshu: «¿Tiene el perro la naturaleza
de Buda?».
En chino: «Mu».
Josshu respondió: «No».
En chino: «Mu».
El perro murió hace mucho tiempo, pero la respuesta del maestro
Josshu permanece.
Afortunadamente, esta historia se escribió en chino. Si la respuesta
hubiera sido solamente «No», no se habría hecho célebre. Pero
mu, en chino, y sobre todo el «Mu» pronunciado por Josshu, significa
mucho más que no, aunque al mismo tiempo también significa no.
«No» es una de las primeras palabras que los padres enseñan a sus
hijos y que los niños aprenden a pronunciar. Es una palabra que
no comprendemos cuando somos bebés. «¡No! ¡No toques eso! —
¿Por qué?».
«¿Me quieres? —No. Mu».
Nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra existencia están llenos de estas contradicciones. No las inventaron los maestros para entretenerse con las palabras. A estas contradicciones las llamamos puertas.
Y a las cerraduras de esas puertas, retomando la imagen, solemos llamarlas koanes. Todos los maestros han utilizado koanes, no solo en el zen rinzai. Los koanes están constituidos por nuestros propios límites; no los inventaron los maestros, sino los seres humanos. Cada ser humano se ha encerrado en espacios de consciencia imaginarios de los que solo puede salir atravesando su umbral. Si se aferran a su posición, si tienen una elevada opinión de sí mismos, nunca podrán salir de su espacio.
El maestro Munmon, Unmon o Unmen (según la pronunciación) dice sobre este koan de Josshu: «Si pretenden practicar zen, es imprescindible que atraviesen las barreras de sus propios límites. Si quieren realizar algo, es fundamental que corten la raíz de su propia mente. Si no consiguen cortar esa raíz, permanecerán como fantasmas».
¿Cuál es esa famosa barrera, ese umbral que hay que atravesar? Es simplemente comprender el significado profundo de ese «mu».
«En realidad —dice—, es la barrera de la fe. Se la llama la barrera sin puerta de la tradición zen. Si la atraviesan, podrán hablar directamente, íntimamente, con Josshu y podrán caminar de la mano de los antepasados y de los maestros».
En la tradición rinzai, cuando hacen una sesshin como ahora, van a la habitación del maestro y este les da un koan.
Les dice: «¿Qué es mu?».
Vuelven al dojo, se sientan en zazen y deben concentrarse en: «¿Qué es mu?».
El desacuerdo entre el linaje soto y el rinzai no se refiere al koan. Todos los maestros del linaje soto también han utilizado y estudiado los koanes. Se refiere al método, a la sistematización del método del koan. Ese método tiende a volver completamente locos a los tipos. Si les preguntan qué es mu y no lo saben, ¿de qué les sirve pensar en ello? ¡Podrían preguntarles: «¿Qué es glup?»! Entonces, a fuerza de pensarlo, a veces la gente crea una enorme tensión en sí misma y llega a un estado particular parecido al que producen las drogas alucinógenas mezcladas con un poco de anfetamina. Experimentan cierta sensación y entonces dicen: «¡Esto debe de ser mu!».
Evidentemente, lo que digo es una parodia. También pueden criticarse ciertos defectos del linaje soto. En realidad no hay diferencia. Hay buenos maestros y malos maestros. No son necesariamente buenos por ser japoneses y llevar un kolomo violeta. Para distinguirlos, para no dejarse engañar por las apariencias, para no dudar del bueno ni seguir al malo, hay que comprender este koan: «mu».
Sobre este mondo, Dogen comenta:
«Lo primero que hay que aclarar es el sentido, el alcance de esta pregunta. Si hasta un perro tiene la naturaleza de Buda, entonces cualquier ser vivo tiene esa naturaleza auténtica».
Entonces siempre surge la misma pregunta estúpida: ¿para qué sirve practicar? ¿En qué se diferencian las personas que practican de las demás? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir practicando, entrenándonos, cuestionándonos? ¿Incluso después de años, incluso después del satori, incluso después del shiho, tendremos que seguir, como principiantes, entrenándonos, abandonándonos, lamentando nuestra estupidez, nuestra debilidad humana, aspirando a la libertad y a la perfección de la naturaleza de Buda?
Hipócritamente, aquel monje preguntó —quizá comparándose él mismo con un perro— si incluso el perro, que disfruta tanto oliendo las cacas, tiene pese a todo la naturaleza de Buda.
Josshu respondió lo que ya saben. Creo que estaba irritado, que aquel monje le irritaba. Respondió: «¡No!», para joderle, para remitirle a sí mismo, cuando sabemos perfectamente que el perro tiene la naturaleza de Buda.
Podríamos preguntar: «¿El hombre que soy en la vida corriente es el mismo que soy durante una sesshin?
¿Cuál es la diferencia entre un amigo y un discípulo? ¿Se puede llegar a ser un verdadero monje llevando una vida familiar?».
A todas esas preguntas se puede responder: «¡Mu!», y también se puede responder: «¡U!».
U es lo contrario de mu, significa «existe», significa «sí». Mu significa «no existe», «no».
Lo que nos interesa es saber si el perro —o la vaca— tiene la naturaleza de Buda. ¿Puede el hombre corriente alcanzar una gran dimensión?
Estiren bien la nuca cuando practiquen zazen, especialmente quienes trabajan con el ordenador. La buena postura es de suma importancia. Hay que fortalecer la nuca. Es muy difícil mantener el equilibrio. Cualquier trabajo que hagamos nos contamina.
Por ejemplo, recoger patatas hace que duelan los riñones; hacer cemento o albañilería hace que duela la espalda; el ordenador hace que duelan los ojos; prostituirse hace que duela el culo.
El trabajo contamina. Por suerte, no hay para todo el mundo.
Ya no hay trabajo. En definitiva, hay que contemplar el futuro de forma realista y positiva. Ya no hay petróleo: ¡qué suerte!
Dejaremos de agotar la Tierra y de contaminar la atmósfera.
Solo el zazen descontamina. Si se trabaja razonablemente, no es algo malo. Hay que trabajar un poco o hacer distintos tipos de trabajo: cuatro horas de trabajo intelectual, tres de trabajo físico. ¡Viva la jornada parcial!
Llegamos a la sociedad ideal. Llegamos a la época en la que el ser humano podría aprender a vivir. Todos los valores antiguos han perdido su significado; el mundo se vuelve loco. Después recuperará la estabilidad.
La mejor estabilidad en la vida es lo que en el zen llamamos «gyoji», es decir, un equilibrio.
Un maestro amigo del maestro Deshimaru, el maestro Shivananda, recitaba una canción o un poema que decía:
«Hay que comer un poquito, dormir un poquito, trabajar un poquito, hacer deporte un poquito, etcétera».
Es decir, encontrar un equilibrio, una vida que no contamine. Tener la posibilidad de cambiar: no estar siempre sentado, ni siempre de pie, ni siempre tumbado. Precisamente, «el zazen —dice el maestro Dogen— no es estar sentado, ni de pie, ni tumbado». No es trabajo ni descanso, ni pensar
ni no pensar, ni amar ni no amar.
¿Cómo atravesar esa puerta, cómo comprender lo evidente?
Hay personas que no quieren comprender porque se aferran a su personalidad. Piensan que su personalidad tiene una importancia enorme.
Por supuesto, la personalidad puede tener una importancia enorme como medio, pero no como fin en sí misma (es como el dinero: el dinero tiene una gran importancia como
medio, podemos hacer algo útil con él). Se puede respetar perfectamente a uno mismo y, a la vez, no dar importancia a la propia opinión. Mientras no soltemos nuestra opinión, no podremos comprender una dimensión más amplia; arrastramos nuestra dimensión corriente de perro por el mundo de los budas.
Entonces preguntamos: «¿El perro también tiene la naturaleza de Buda?», y el maestro responde: «¡Mu!». «¡¿Está loco este?!».
Mu no es no, no es solamente no, es más que no. Es tan no que se anula a sí mismo. Dogen dice: «Mu tiene el poder de disolver la piedra más dura».
Aunque se hubiera preguntado si la propia naturaleza de Buda tiene la naturaleza de Buda, Josshu habría respondido «Mu» a ese monje en particular. No responde a una pregunta: responde a ese monje.
El monje continúa y pregunta a Josshu: «¿Cómo pueden tener todas las existencias la naturaleza de Buda y el perro no?».
El maestro Dogen comenta: «En efecto, después de recibir ese “Mu” en plena cara, tenemos derecho a pensar que no permanece ninguna existencia, ni siquiera la naturaleza de Buda ni tampoco el perro. Tenemos derecho a preguntarnos qué sentido tiene negar esas existencias que no existen».
Josshu responde al monje: «Ese perro no tiene la naturaleza de Buda porque tiene ignorancia kármica. La ignorancia kármica se manifiesta a través de ese perro».
Dogen analiza: «El perro, la naturaleza de Buda, la ignorancia kármica: todo eso es mu. La ignorancia kármica no es más que la ignorancia kármica, del mismo modo que el perro no es más que el perro. ¿Cómo podría un perro equivaler a la naturaleza de Buda? De todos modos, creer en la naturaleza de Buda y en el perro, o no creer en la naturaleza de Buda y en el perro, no son más que manifestaciones de la ignorancia kármica.
La ignorancia kármica consiste en darse mucha importancia a uno mismo y dudar de la naturaleza de Buda».
Un maestro zen nunca se desplazaba sin su arco y sus flechas. Un gran monje se encontró con él y le preguntó: «¿Utiliza usted su arco para matar a la gente o para salvarla?».
El maestro se limitó a tensar el arco una vez, dos veces, tres veces, sin decir nada.
El monje se postró una vez, dos veces y tres veces.
El maestro dijo: «Llevo treinta años paseando con este arco y solo hoy he alcanzado al discípulo despierto».
Continúo los comentarios del maestro Dogen sobre el koan del perro. En otra ocasión, un monje hizo la misma pregunta al maestro Josshu, pero el sentido profundo de su pregunta era distinto,
simplemente porque el discípulo estaba i shin den shin con el maestro y había formulado la pregunta deliberadamente.
Así pues, a Josshu le resultaba fácil ver que la naturaleza de Buda de la que se hablaba no era distinta de la que ilumina el mundo, los budas y los patriarcas.
Entonces Josshu respondió: «Sí».
Una vez más, no se equivoquen pensando que ese «sí» es simplemente lo contrario de no.
En chino, «mu» significa no y «u» significa sí. Solo a través de la dimensión de los maestros zen adquirieron estas palabras un significado más profundo. En chino, «mu» significa «no», «no hacer», «no hay», «no sé qué hay». «U» significa «existe».
El «sí» de Josshu no es un «sí» académico ni de la filosofía budista, no es un «sí» hinayanista que se aferra a la ley budista como a un dogma eterno e
inmutable. En un mondo se responde a una persona. Hay que captar el sentido profundo de su mente y de su pregunta. Ese «sí» de Josshu debe escucharse como un sí del verdadero budismo vivo, como el sí del propio Buda.
En ese momento, los ojos del maestro, los del perro y los de Buda son los mismos.
El monje continuó: «Maestro, usted responde que sí, pero ¿cómo se mezcla la naturaleza de Buda, cómo entra en ese saco de piel que es el cuerpo del perro? ¿Solo se manifiesta en ese instante, ya se manifestó en el pasado o el perro ha tenido siempre esa naturaleza?».
Josshu le respondió: «Cuando la naturaleza de Buda se manifiesta en el perro, este sabe clara y deliberadamente que es un perro».
«Durante mucho tiempo, los budistas pensaron que nacer como perro se debía a haber cometido malas acciones clara y deliberadamente. Pero aquí Josshu quiere expresar algo mucho más profundo: el perro sabe que es un perro. Muchos se muestran escépticos al oír esta respuesta. Pero, si quieren conocer al inmortal que llevan dentro, no separen su propio ser de ese saco de piel. Sea lo que sea la naturaleza de
Buda, nunca ha estado separada del cuerpo.
Ser conscientes de la propia impureza no significa necesariamente que la naturaleza de Buda
haya penetrado en ustedes. Tampoco se puede sistematizar afirmando que, cuando estamos penetrados por esa naturaleza, necesariamente nos sentimos conscientemente impuros.
La toma de consciencia de nuestra impureza es provocada en nosotros por la consciencia de la naturaleza de Buda.
Comprendan que, en este caso, la toma de consciencia del perro sobre su condición es provocada nada menos que por la acción de la iluminación.
Es esa acción de la iluminación la que se designa con las palabras “se manifiesta en el perro”».
En este estudio del koan del perro de Josshu, el maestro Dogen responde a todas las preguntas sobre lo verdadero y lo falso, sobre la importancia de la relación entre la iluminación y el cuerpo, sobre el satori más profundo, sobre el sentido, el significado más profundo de «¡Mu!», que es la puerta de la libertad absoluta.
¿Se dan cuenta de que nosotros, los seres humanos, tenemos posibilidades absolutas e ilimitadas? Todo nos es posible. Podemos incluso no morir nunca, no envejecer nunca; podemos volar, ir a todos los mundos, tener todos los poderes mágicos inimaginables.
¿Cómo hacerlo? Primero hay que empezar por un ejercicio sencillo.
Dense cuenta de que este mundo nuestro tiene todas las cualidades para ser perfecto; lo único que impide que lo sea, lo que lo pudre, es nuestra locura, la locura humana. El ejercicio sencillo para empezar a descubrir las posibilidades alucinantes del ser humano consiste en intentar dejar de estar loco y vivir sencillamente feliz. Dejar de alimentar falsos problemas, volverse humilde, sincero, honesto, no crear complicaciones, no sentir
vergüenza de lo que uno es y de lo que siente. Aunque no seamos muy buenos, hay que empezar por aceptarnos con humildad. Después nos damos cuenta de que no somos ni peores ni mejores que los demás. Mientras ocultemos nuestro mal karma, no podremos librarnos de él.
Cuando el perro tiene la naturaleza de Buda, sencillamente se da cuenta de que es un perro. Ya es bastante.
Kosen