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¿Qué es el alma?

Maestro Kosen – Publicado el 25 de junio – unusual

Pregunta

Si la multitud de fenómenos es energía-consciencia universal y si
nuestro ego es una especie de memoria que parasita ese conjunto,
entonces, ¿qué es el alma? ¿Podría darme una definición,
por favor?

Luc

Respuesta del maestro Kosen

De acuerdo. Voy a intentar transmitirle mi comprensión de manera poética o metafórica, a partir de la enseñanza de mis maestros. Conviene señalar que las palabras o los nombres que me veré obligado a utilizar para ello son limitados e insuficientes. No se escandalice al oír palabras como Dios o alma, que durante tanto tiempo se han pervertido o comprendido mal.
Cada entidad humana puede definirse como una trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Todo esto no es muy budista.
Digamos: Dios, el alma, la personalidad (esa personalidad que en el budismo suele llamarse ego). Así pues, somos esa trinidad.
¿Por qué Dios? Porque somos la experiencia de Dios. No hace falta creer en Dios; llámelo como quiera, el Big Bang, si lo prefiere. Pero el hecho es que hemos pasado de la unidad a la multiplicidad a través del tiempo y el espacio, y ninguno de nosotros está separado de ese origen único al que podríamos llamar Dios, si le parece bien. Cada uno de nosotros es, por tanto, la experiencia del propio Dios hasta los confines de la materia y de la complejidad de nuestra personalidad actual. Esta fabulosa aventura, esta fabulosa experiencia, es la experiencia del propio Dios desde el principio. Y, puesto que el origen de todas las cosas es el mismo, cada uno somos una experiencia distinta del mismo Dios.
¿Qué es el alma? Diría que es la memoria de la experiencia específica de Dios a través de nosotros, desde el origen.
¿Qué es el ego o la personalidad? Diría que es la experiencia última de Dios, que consigue encarnarse en la frecuencia hertziana más densa y evolucionar en el seno de la materia, en un espacio-tiempo extremadamente lento. Pero ¡qué gozada! Ahí podemos oler flores, saborear los cuatro elementos, enamorarnos e incluso broncearnos. ¡Ja, ja, ja, ja! Menudo programa. Para llevar a buen término esta experiencia, Dios utiliza un cuerpo. Una especie de traje ultrasensorial conectado a un ordenador central al que llamamos cerebro. Al principio no es muy cómodo, pero nos acostumbramos. Y, con el tiempo, ya no podemos prescindir de él.
Hay que señalar que, al nacer, el cerebro está preprogramado: los del zen llaman a eso ego (los gilipollas), y, si no aprendemos a descifrar el código, estamos condenados a vivir con el piloto automático toda la vida. En realidad, ese ordenador central es extraordinariamente potente. Normal: Dios lo ha diseñado y mejorado poco a poco desde hace muchísimo tiempo. Si se utiliza correctamente, puede hacer todo lo que Dios desee en este plano de la materia. El problema es que, al nacer, el disco duro del cerebro central está vacío. Solo contiene los programas básicos necesarios para su funcionamiento mínimo: comer, cagar, berrear. Después, los padres y el entorno social le instalarán actualizaciones, pero el hecho es que no tenemos recuerdos anteriores al nacimiento y llegamos incluso a olvidar por completo lo que somos. Hasta acabamos identificándonos totalmente con el traje. No, no bromeo: ese es el gran peligro de esta experiencia. Y a menudo se ve a dioses reencarnarse en bucle, vida tras vida, olvidando por completo quiénes son. Se convierten en robots, con una pequeña consciencia básica preprogramada, y han perdido el alma, como se suele decir, por toda una eternidad. Sí, Dios también debe superar sus límites y aprender a dominar su humanidad y su materialidad. Entonces habrá cerrado el círculo y realizado una obra magnífica. Pero, en realidad, si le cuento todo esto es porque Dios ya ha inventado el guion y la obra ya ha sido creada por él y, por tanto, ya está realizada.
Solo nos queda vivir la experiencia.

Kosen


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