Pregunta
Desde hace unos meses sigo practicando zazen casi a mi pesar, pero ya no encuentro el entusiasmo y el vigor que me daba el miedo a la impermanencia. Por otra parte, he comprendido bien que no hay que esperar nada a cambio de la práctica, salvo quizá la satisfacción de saber que no tenemos nada que perder. Normalmente debería alegrarme de ello, pero no es así. ¿Nos acostumbramos a la felicidad de manera insidiosa hasta trivializarla y, por tanto, volver a caer en la insatisfacción? ¿O sencillamente estoy cansado y decepcionado de haber creído tanto y buscado tanto para acabar comprendiendo que no hay nada que encontrar?
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
¡Es una manera muy parisina de entender el zazen!

Kosen