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Me hablan de karma, de mal de ojo...

Maestro Kosen – Publicado el 29 de septiembre – karma

Pregunta

Todo empezó en julio, cuando se derramó zumo de zanahoria en mi maleta y en el tren en el que viajaba. Una amiga musulmana me dijo que las grandes desgracias a veces van precedidas de señales como esa.

Después se me estropeó el portátil, que para mí significa mucho: comunicación con familiares y amigos, agenda, música, búsqueda de empleo…

Unos días después, un amigo me apuñaló; pasará el resto de su vida medicado.

En el hospital me enteré de que me habían robado la tarjeta bancaria; el buzón donde estaba llevaba un tiempo sin cerradura.
En ese mismo hospital contraje sarna, de la que no he logrado librarme: por ahora llevo dos meses y medio con ella.

Esta mañana me encuentro muy mal. Solo es una gastroenteritis, pero me hace sufrir muchísimo.

Me hablan de karma, de mal de ojo… Soy una persona que ayuda a cualquiera que encuentre necesitado en cuanto puede; eso es lo que me hace feliz. Mi amiga musulmana me dice que, como soy guapa, quizá haya atraído el mal de ojo sin querer, porque, en su religión, el alma humana es más peligrosa que el diablo.

Yo no sé mucho de religiones. Sigo resistiendo a pesar de todo esto, a pesar del sufrimiento que me han causado esas desgracias. He aprendido a relativizar y tengo resiliencia. Pero ojalá pudiera evitar esas desgracias. No tengo miedo; espero la próxima que vaya a caer, sin saber cuándo ni cómo. De tanto pasar por ello, estoy hastiada.

Pero ¿hace falta sal? ¿Una mano de Fátima? ¿Dinero? Todos se contradicen y yo, bueno… no tengo ni idea. Sigo siendo una persona «amable»; los demás no tienen la culpa. He pensado en mi piso, en el feng shui… Pero, en lugar de eso, lucho. Lucho contra las desgracias que ya han ocurrido, porque las futuras me son desconocidas. ¿Mejor así?
Gracias por leer este mensaje tan largo. No quiero tirar la toalla, pero me gustaría recibir ayuda.

Buenas tardes.


Anónimo

Respuesta del maestro Kosen

Tu mensaje es largo, pero no tiene nada de aburrido. Escribes bien, he disfrutado leyéndote y me he reído mucho. Quizá escribir sea una de tus vocaciones; contar las propias desgracias haciendo sonreír a los demás es un gran talento, sobre todo si no se hace del todo a propósito.

Además, todos hemos pasado por esas épocas negras en las que todo se derrumba a nuestro alrededor y en las que, en realidad, queremos que todo se derrumbe.
La mentira, las concesiones, la falta de amor verdadero, la esclavitud, el estrés, el miedo, la incertidumbre. Nos dan ganas de sentarnos ahí, donde estamos ahora, aunque sea en la calle, y llorar diciendo, con la boca llena de lágrimas: «Mi corazón no está hecho para sufrir y luchar sin descanso, sino para amar y dar gracias por la vida maravillosa que se nos ha dado».

Queremos que todo se derrumbe y que la verdadera humanidad, la fraternidad, la sencillez y la tolerancia reaparezcan por fin en nuestras calles y en nuestra vida cotidiana. Pero, como no sabemos cómo cambiar este mundo tan grande y complejo, destruimos lo que mantiene en pie nuestra propia vida mediante la capacidad de nuestro propio poder. Y, si logramos superar las pruebas que nosotros mismos nos hemos infligido, salimos de ellas más grandes, más sabios y más fuertes.

Tienes que darte cuenta de la fuerza de tu propio poder espiritual, capaz de causar tantos daños en tu vida, aunque, a mi entender, es un método que hay que usar con moderación.
Quiero que comprendas que, con ese mismo poder, es posible crear tu vida de forma ideal. Aunque, para construir tu futuro, también haya que deshacer o transformar ciertas cosas del pasado, estas se transformarán armoniosamente si sabes cómo hacerlo.
Primero, moviliza el amor en tu corazón respirando con suavidad. Una de las funciones del corazón es emanar amor. Cuando el amor esté ahí y lo sientas en el corazón, expresa en voz alta, muy despacio, palabra por palabra, tu deseo profundo, visualizando cada palabra escrita ante tus ojos cerrados. Mira bien esas palabras el mayor tiempo posible, mantenlas ante tus ojos para que el Dios que eres tenga tiempo de verlas, y conserva también el amor en tu corazón. Después sopla suavemente tu amor sobre esas palabras que ves, para que vuelen lejos, hacia tu futuro. Y ya está: tu destino va a cambiar.
Con todo mi amor y mi admiración por lo que eres.

Kosen


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