Pregunta
Hola, maestro:
Antes que nada, espero que se encuentre bien.
Quiero disculparme por volver a hacerle una pregunta. Como no he recibido respuesta a la primera y siguiendo el consejo de su secretario Loïc, me permito molestarle por segunda vez con la esperanza de captar su atención.
Partiendo del principio de que la Unión Europea es una enorme estafa ingobernable que ha arruinado la agricultura, la industria y los derechos sociales de Francia, donde los conceptos de derecha e izquierda ya no significan nada y pertenecen al pasado.
Considerando, además, que la CEE va a imponernos muchísimas cosas, como los transgénicos, el gas de esquisto y las guerras estadounidenses, mientras nos desangra sin que podamos hacer nada, porque todo lo que hace la CEE es legal según las leyes europeas, pero ilegal según las leyes y el sentido común nacionales.
Mi pregunta, maestro, es, por tanto, la siguiente:
«¿Se puede, sin ser de derechas (pues el concepto de derecha carece hoy de sentido), resistir por la salvación y el futuro de nuestro país, haciéndonos individualmente fuertes y autónomos para dar lo mejor de nosotros mismos a nuestro país?»
O, dicho de otro modo:
«¿Se puede llegar a liberar la mente permaneciendo apegado a conceptos como país, comunidades o capitalismo, que son productos de la mente?»
Agradeciéndole de antemano su respuesta, le deseo un excelente día o una excelente noche (según la hora).
Un cordial saludo.
Guillaume
senko
Respuesta del maestro Kosen
Usted plantea dos preguntas distintas:
«¿Se puede resistir por la salvación y el futuro de nuestro país, haciéndonos individualmente fuertes y autónomos para dar lo mejor de nosotros mismos a nuestro país?»
No veo qué se lo impediría.
Y «¿se puede llegar a liberar la mente permaneciendo apegado a conceptos como país, comunidades o capitalismo, que son productos de la mente?»
Sí, entiendo lo que intenta decir.
¿No deberíamos permanecer en un universo de santidad, bañado en aroma de incienso, sin preocuparnos por el mundo secular, que efectivamente está tan podrido que nos contamina?
Mi maestro decía que su templo era una especie de hospital, un refugio para los heridos de la vida. Nos curamos en la santidad, en el aroma del incienso, y cuando nos encontramos mejor volvemos al mundo, incansablemente, hasta que el mundo entero esté liberado. No solo nosotros mismos, pequeños monjes egoístas y extáticos.
Kosen