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Kosen y la Sotoshu

Maestro Kosen – Publicado el 27 de octubre – dialogues-with-rolan

Pregunta

¿Está reconocida la sangha del maestro Kosen por la Sotoshu en Japón?

Anónimo

Respuesta del maestro Kosen

Sin querer decir una vez más que soy el verdadero hijo espiritual de mi maestro, para lo bueno y para lo malo, hay que constatar, lamentablemente, que en la práctica solo queda uno que continúe la práctica del linaje de Deshimaru, que crea en ella y la cree. Hoy todos la han traicionado, en el sentido de que han adoptado exactamente, punto por punto, el modelo que Sensei describía como aquel que, sobre todo, no había que seguir. Sin embargo, nuestro maestro siempre explicó con gran claridad qué actitud debíamos adoptar hacia la Sotoshu y Japón.

Poco después de su muerte, recuerdo con toda claridad que Roland, Étienne y yo estábamos completamente de acuerdo y en armonía sobre este asunto, tanto respecto a los discípulos europeos como a los maestros japoneses. Estos últimos, además, nos mostraban el mayor respeto al ver nuestra fidelidad a Deshimaru. En esencia, Sensei nos pidió que nos armonizáramos con la Sotoshu y mantuviéramos buenas relaciones con ella, pero que en ningún caso la siguiéramos, ni a ella ni al zen japonés, que ya para Deshimaru pertenecía al pasado. Decía: «La gran mayoría de mis discípulos que van a Japón se equivocan después. Esto se debe a que allí ven un zen de iglesia y de jerarquía. Eso ya no es la verdadera transmisión». Añadía: «Deberán crear el zen del futuro a partir de mi enseñanza, y no convertir el zen vivo que les he enseñado en un subproducto de la iglesia budista japonesa. Ustedes son más importantes y más grandes que los maestros japoneses…», etcétera.

Puede ver que no he forjado esta opinión por mí solo, sino que la recibí de mi propio maestro, quien, a su vez, ya la había recibido de su maestro Kodo Sawaki. Este, al no querer correr bajo ningún concepto el riesgo de que su discípulo se convirtiera en un monje japonés en vez de en un monje de la transmisión, se negó durante casi cuarenta años a darle la ordenación. Kodo no pertenecía a la Sotoshu. La criticó muy a menudo y siempre se las arregló solo, aunque fue durante muchos años godo del templo de Sojiji.

Cuando el maestro Deshimaru vino a enseñar el verdadero zen a Francia, en 1967, solo su maestro, Kodo Sawaki, le había encomendado esa misión. Para Sensei, esa era la verdadera transmisión, no había nada que añadir. Al principio de su misión, la única ayuda que recibió vino de los dirigentes del zen rinzai y obaku, ambos amigos suyos. Solo más tarde, la Sotoshu, admirada por su trabajo en Occidente y en el mundo, le ofreció apoyo, tanto administrativo como económico. ¿Por qué no habría de aceptarlo? Además del aspecto material, hay que comprender que, como japonés, era importante para él obtener el reconocimiento oficial de su país. Posteriormente, la Sotoshu le propuso que las ordenaciones que concedía —y cada vez eran más— se registraran también en Japón, lo que les daría un carácter aún más oficial. Sensei aceptó. Más tarde todavía, cuando la Sotoshu propuso que los discípulos más antiguos que le ayudaban en su misión recibieran el grado de misioneros dendoshi, Sensei también aceptó. Cabe señalar que siempre era la Sotoshu la que proponía y nunca Deshimaru el que pedía. La Sotoshu nunca le exigió que modificara su enseñanza, ni la forma de celebrar las ceremonias, de dar el kyosaku, de coser y llevar el kesa, de preparar la guen-mai o de comerla, etcétera. Como la Sotoshu comprendía su poder y su fuerza, siempre lo respetó. La Sotoshu es como el Vaticano. No se dice: «Mi religión es el Vaticano». Sin embargo, al gestionar todo el aspecto material, jerárquico y dogmático del budismo zen japonés, tiene un poder inmenso en Japón. Sensei siempre lo utilizó, pero nunca la siguió.

Hay una gran confusión cuando se quiere equiparar la transmisión con la Sotoshu. Hablemos primero de las ordenaciones. Antes de Kodo Sawaki y Deshimaru, la situación era muy sencilla: si uno no era hijo de monje, no podía ser ordenado, salvo en casos muy contados y con grandes dificultades. Ahora que está de moda entre los prelados japoneses tener discípulos europeos o americanos, las cosas han cambiado mucho. Pero ¿qué pueden enseñar, aparte de sus normas locales, su jerarquía infinita y su iglesia, que se está muriendo en Japón? En cuanto al shiho, dentro de la Sotoshu apenas tiene más valor que un título de bachillerato y no es más que un escalón entre tantos otros en la jerarquía del monje profesional. Nada que ver con Bodhidharma y Eka, Buda y Mahakashiapa. Sin embargo, era precisamente de estos últimos de quienes nos hablaba Deshimaru, y no de la Sotoshu, que, en definitiva, no es más que un organismo estatal configurado al final de la Segunda Guerra Mundial a petición del gobierno fascista de entonces para administrar una forma de espiritualidad zen en Japón. Nos hablaba de la transmisión, no de la iglesia japonesa.

Tras su muerte, una vez más, las grandes instituciones religiosas japonesas, de acuerdo con la Sotoshu, quisieron certificar la misión de Deshimaru como uno de los acontecimientos más importantes de la historia del zen. En ese contexto fui certificado, junto con Étienne y Roland, como sucesor oficial y espiritual del maestro Deshimaru por el mayor maestro zen de la época, Rempo Niwa zenji. Es un hecho histórico que nunca podrá borrarse, ni siquiera de los archivos de la propia Sotoshu.

Unos años después, me propusieron continuar el itinerario de la Sotoshu participando en una sesshin. Como también estaban invitados todos mis antiguos amigos de la AZI, me hacía mucha ilusión ir y practicar con ellos. Pero me enteré de que el maestro que enseñaría durante ese encuentro no era otro que Harada Roshi, un hombre que se había pasado la vida envidiando y criticando a Kodo Sawaki y, después, a Deshimaru, lo que me había llevado a enfadarme con él y a abandonar su templo de forma estruendosa unos años antes. Me pareció evidente que esa elección pretendía humillar a unos discípulos cobardes que habían traicionado a su maestro. ¿Cómo habría podido un discípulo digno de ese nombre aceptar semejante claudicación sin, al menos, cortarse el dedo meñique? Sin embargo, eso fue precisamente lo que hicieron todos mis antiguos compañeros. Por mi parte, vi en ello la señal de que esa dirección no era correcta y de que Deshimaru no habría aceptado que participáramos.

Creo que la Sotoshu es el pasado y que debemos pensar en el zen del futuro. Por desgracia, los discípulos de la AZI, al no tener suficiente confianza en sí mismos o suficiente despertar en sí mismos, sintieron la necesidad de volver a mendigar a la Sotoshu, además a título individual, un reconocimiento y un poder de los que carecían. La Sotoshu aprovechó para imponerles sus normas, apropiarse del templo de La Gendronnière y convertirlos en monjes híbridos que intentarán toda su vida acercarse al modelo japonés sin llegar nunca a conseguirlo de verdad. E incluso si lo consiguieran… Solo lograrían imitar un zen que ya lleva mucho tiempo obsoleto. En cualquier caso, ya no pueden pretender seguir el zen de Deshimaru, porque es evidente que han perdido, en cuerpo y alma, la fe en su transmisión. Yo, por mi parte, no he perdido la fe en reconocer a los discípulos como monjes, monjas y bodhisattvas auténticos del linaje del verdadero budismo transmitido desde hace dos mil quinientos años, del que soy el octogésimo tercer patriarca. Si algunos prefieren la Sotoshu, que efectivamente propone una visión totalmente distinta y quizá un futuro dentro de su jerarquía japonesa, que lo hagan, al menos, reconociendo que eso ya no tiene nada que ver con el zen de Deshimaru, el zen del «Bodhidharma de los tiempos modernos».

Me dicen que Roland, Rafou y quizá otros vuelven a ordenar a discípulos que ya han recibido la ordenación de mí o de Étienne. Les dicen que mis ordenaciones no son válidas para la Sotoshu porque no soy un monje de la Sotoshu, sino un maestro de la transmisión, discípulo de Deshimaru. Y, puesto que la AZI ha traicionado a Deshimaru para venderse a la Sotoshu, ellos también deben jurarle lealtad si quieren poder practicar. Así pues, esta segunda ordenación no se basará en la fe, como la primera (nadie olvida un momento histórico en el que comprometimos toda nuestra sinceridad, nos afeitamos la cabeza, cosimos nuestro kesa, nos despedimos de nuestra familia, cortamos ese último mechón y recibimos, en el templo de La Gendronnière, la ceremonia más hermosa, formulando el voto que construiría nuestro futuro). No, esa segunda ordenación que propone Roland se basará en la duda y la renuncia a lo anterior. Hará de usted un renegado, por emplear el término adecuado, y más bien mediante una especie de pacto, si entiende lo que quiero decir.

Cito las palabras de Buda: «El apoyo de los votos de aspiración de todos los budas solo es posible con la bendición de sus votos fundamentales». Si la iniciativa de estas personas es contraria a la enseñanza de Buda, ¿cómo pensar que van a ayudar a los discípulos a liberarse cuando utilizan la duda para acabar atándolos a sus propias personas y añadir un nombre a lo que consideran su colección de discípulos? ¡Qué vergüenza! Tengo un discípulo que recibió de Roland la ordenación de bodhisattva y de monje y que me sigue desde hace diez años. Nunca se ha pronunciado la menor palabra ni la menor alusión de duda al respecto. En Argentina, unos discípulos ordenados por Michel me pidieron que volviera a ordenarlos. Siempre me negué, diciéndoles que nunca debían dudar de su ordenación. ¿Por qué superponer un voto de menor alcance a nuestro voto fundamental? ¡Es un error gravísimo! No me digan que ellos mismos se lo creen o que piensan ayudar a su difunto maestro actuando de esa manera.

Kosen


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