Pregunta
Hola, maestro:
Tengo doce años, leo a Lobsang Rampa. Catorce años, tengo miedo de unos fantasmas que nunca he visto. Dieciséis años, me inicio en el yoga. Diecisiete años, me echo a los caminos en busca del rumbo de mi vida. Veintisiete años, encuentro una vía. Treinta años, al ver una estrella fugaz deseo que mis ojos puedan abrirse al secreto de la vida.
Mayo de 1994.
Es un punto en mi frente que baja hasta el vientre y vuelve a subir al corazón. Tengo miedo. Tengo miedo. Acepto. Acepto, era tan fácil. Una aureola alrededor de mi cabeza. Todo procede de lo que no es, ya no tengo miedo de morir, todo vuelve a lo que no es.
Todo se vuelve sagrado: la piedra, la mesa; la vida es preciosa. Nazco.
Noviembre de 1994.
Eso sube por mi columna vertebral; por un instante me duele un punto de la espalda, luego sigue subiendo, subiendo. Se parece a un orgasmo, pero no se detiene. La música es tan hermosa, una flor se abre, una estrella en el cielo. Vagaba desde hacía miles de años, ya nunca volveré a estar sola. Oigo otro lenguaje, el lenguaje oculto, el de la creación; todo habla de él. Uno es igual a dos, igual a tres… Todo va de dos en dos. Estoy en la montaña, vuelvo a bajar. No puedo hacer otra cosa. No puedo hablar de ello. Permanece en mí: desesperación, ¿por qué me has abandonado? Después un puente, de nuevo caminos por recorrer. Me dejo llevar por la corriente sin reaccionar, ya no busco, pero eso sigue ahí.
2003.
Estoy aquí. De nuevo emprendo una búsqueda. ¿Puedo, tengo derecho a pedir ayuda después de haberlo recibido todo? Estoy en el umbral de una puerta entreabierta; no puedo moverme ni hacia dentro ni hacia fuera. Había un espejo, se rompió y lo volvieron a pegar. ¿Cómo se usa un espejo así, qué se hace con él?
Le agradezco que preste atención a estas pocas palabras.
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
Ya lo sabemos todo desde siempre; se trata de recordar, asimilar, dominar y hacer propio lo que sabemos. Para eso hacen falta una práctica, un maestro y tiempo.
Kosen