Pregunta
Le vuelvo a escribir simplemente para compartir mi experiencia y darme ánimos para la próxima vez. La próxima vez será esta noche.
En realidad ocurrió ayer, aunque todo ha sucedido a lo largo de esta semana. Últimamente me sentía solo, muy solo, y, sobre todo, pensaba que era porque yo era esto o aquello, en cualquier caso, nada bueno. Después escribí a una amiga y, a medida que escribía, me di cuenta, primero, de que estaba lejos de estar solo y, segundo, de que el problema no era mi soledad, sino que no me quería. Había pensado una y otra vez en cosas que me entristecían y, sobre todo, en cosas sin realidad, cosas falsas. Como llevo mucho tiempo en la vía de la espiritualidad, aquel día comprendí por fin que tenía que desconfiar de mi mente, que era un auténtico disparate y que, además, yo le daba todo el crédito. Lo que pensaba, lo creía verdadero.
Así que, sin pensármelo dos veces, decidí ahuyentar los malos pensamientos y cultivar los buenos. La historia no acaba ahí. Continuó ayer por la noche: había meditado un poco sentado en medio loto, respetando sus consejos; después bailé y silbé, y finalmente hablé con mi madre. Al acostarme estaba algo triste y no sabía qué hacer. Me preguntaba: «¿Debo dedicar tiempo a meditar, apuntarme a un dojo zen y cultivar amistades? ¿O todo eso es, al final, una pérdida de tiempo que no me llevará a ninguna parte?».
Y entonces, tumbado de lado y encogido, sentía el cuerpo, sobre todo las piernas, y de pronto algo subió a una velocidad increíble hacia mi cabeza, como una inmensa sensación de bienestar y de conciencia de otra cosa dentro de mí. Mi primer pensamiento fue: «Gracias, Dios». Era consciente de que lo que estaba viviendo tenía que ser eso, el despertar.
Después tuve miedo. Miedo de lo que aquello iba a cambiar en mí. Miedo de lo desconocido, de lo que sucedería después y, a pesar de que intenté de verdad permanecer inmóvil en esa sensación de conciencia, se fue muy deprisa y solo dejó un pequeño algo más, o quizá un gran algo más, no lo sé. Me desperté en mitad de la noche, volvió a ocurrir en menor medida y esa vez lo controlé conscientemente: dije «eso tendrá que esperar».
Durante la primera vez me vino un segundo pensamiento: en realidad, no me estaba convirtiendo en un superhombre, sino que simplemente accedía a una conciencia ampliada, ¿completa?, de mi realidad, a algo que vive en mí sin que «yo» me dé nunca cuenta.
Hoy me sentía realmente bien, estaba relajado, feliz, satisfecho de ser, y ante mis compañeros mostraba de forma natural una cara que me gustaba. Quería a la gente y estaba impaciente por volver a vivir aquello, esta vez hasta el final. Hoy he reflexionado sobre dos o tres cosas y me he dicho que, en realidad, aunque uno esté despierto, sigue a las puertas de otra cosa, que siempre tiene que progresar en su naturaleza humana y que, pase lo que pase, seguiré siendo ese ser un poco temeroso y muy emotivo.
Pero esta sola experiencia me ha mostrado que, con un poco de esfuerzo, podía ser feliz y estar relajado, y que era capaz de ser profundamente amable.
Así que esta noche voy a intentarlo de nuevo. Como ocurrió espontáneamente, no tengo un método propiamente dicho; solo espero poder volver a soltarme y, esta vez, no huir de lo desconocido. Espero estar lo bastante sereno para aceptar el cambio.
Y le hago una pregunta… ¿Lo que describo se vive después de forma permanente? ¿Y tienen realmente sentido mis pequeñas reflexiones de hoy sobre la naturaleza humana?
Con mucho afecto, agradeciéndole que dedique tiempo a los internautas y preparándome para dar el gran salto esta noche, esperaré pacientemente su respuesta.
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
En efecto, todos somos presa de la duda y del desánimo, y todos tenemos un libre albedrío que nos permite controlar la mente y crear una realidad positiva que nos llene de alegría pura.
Cada uno puede crear su despertar cada día mediante sus pensamientos y sus actos.
Kosen