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El peso del pasado

Maestro Kosen – Publicado el 5 de marzo – master-disciple-relationship

Pregunta

Hola, maestro Kosen:

No estoy segura de que mi primer mensaje fuera acertado; si no lo fue, discúlpeme. Tenía miedo de usted y de mí misma (¡y sigo teniéndolo!). Y conozco muy poco de su mundo, que me atrae como un imán.

Tengo cuarenta y cuatro años, un hijo de catorce y vivo en pareja desde hace nueve. Soy bastante solitaria. Esta mañana intenté hacer zazen durante veinte minutos en el baño, cerrado con llave, mientras todos dormían. Todavía no le he hablado a nadie de este interés por el zen (la palabra me incomoda, pero aún no sé suficientemente qué es; el tiempo lo dirá). Hago un esfuerzo constante por dejar de juzgarme a mí y a los demás. Me cuesta sostenerme. Me aferro a los libros, a otras personas a las que siento como padres. La relación con mi madre es conflictiva. La siento como un vampiro. Estoy obligada a protegerme (¿?). Cuando me mudé, hace nueve años, mi pareja no la quería en casa y después eso se convirtió en mi elección, a pesar de la pena que me da hacerlo.

Cuando tenía doce años, mi madre se disparó una bala de calibre .22 Long Rifle en el corazón. Cuando la encontré, grité, y el hombre que la estaba atendiendo me gritó que me callara porque no oía su corazón. Estuvo muchísimo tiempo en el hospital y yo me fui a vivir con mi hermana. A mis dieciséis años, mi padre se disparó entre los ojos. Murió. A los veinte supe que era seropositiva. Dejé los estudios de artes plásticas y me fui a vivir a la calle después de elegirlo deliberadamente. Pinté y dibujé a la gente de la calle. A los treinta tuve un hijo. A los treinta y dos me separé de su padre, que, para vengarse del daño que le hacía, lo secuestró. Luché por obtener su custodia. A los treinta y tres sufrí una depresión grave, con crisis de ansiedad, y apenas salía. Hice un psicoanálisis que duró cinco años. Salí de aquella depresión gracias al hombre con el que estoy hoy, que me obligó a caminar con regularidad por la naturaleza, aunque no paraba de llorar.

Ese pasado tan pesado sigue cargado sobre mis hombros y mi nuca; tengo el vientre siempre hinchado y digiero muy, muy mal. Ese vientre desmesurado me obsesiona. ¡Incluso he dejado de usar sujetador, aunque se me caen los pechos! ¡Ja, ja, ja! La alegría y la espontaneidad de mi infancia están cubiertas por una tristeza difusa. ¿Tendría algún consejo? ¿Una receta? ¿Algún libro que recomendarme?
Y si me atreviera, si me atreviera... ¿querría adoptarme?

Un cordial saludo.

caroline…

Respuesta del maestro Kosen

En efecto, es algo grande, algo pesado.

Bastante difícil de digerir.

Siento tu sufrimiento.

Te aconsejo cuatro cosas:

1.º Continuar con una psicoterapia o un psicoanálisis, porque necesitas expresar y compartir lo que llevas dentro y, sobre todo, ponerlo en orden.

2.º Escribes bien; si hace falta, toma clases de escritura para canalizar esa fuerza artística que llevas dentro. Debes crear, construir, transformar, dar vida a obras e iluminar toda esa oscuridad.

3.º Puedes gestionar tus emociones y tu ira mediante la respiración, modulándola, eligiendo su sustancia, su materia y, por qué no, su color. Modula tu respiración, vuélvela tierna y suave; toma su control cuando sea necesario.

4.º Desde luego, puedes practicar zazen, pero es preferible hacerlo en grupo para aprender correctamente la postura y lo demás. No se puede hacer cualquier cosa con ello. Seguramente habrá algún grupo o dojo en la región donde vives. Un dojo de mi sangha o de la AZI basta para enseñarte las bases de la práctica.

Mantenme informado mediante mensajes sencillos y prácticos.

Kosen


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