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El padre y el sable

Maestro Kosen – Publicado el 20 de mayo – daily-life

Pregunta


 Estudio zen desde hace casi dos años y practico zazen con regularidad, pero me parece que, en la vida cotidiana, algunos de mis actos y palabras son desmesurados. Por ejemplo, quise ayudar a mi padre, al que acababan de agredir en la calle, frente a casa, unos vecinos que en ese momento me parecieron unos maleantes.<br />

Como practico iaido, bajé armado con un iaito (sable sin filo) para disuadir a aquellos tres individuos que se habían metido con mi padre. Salí con él y, al ver que no servía de nada, lo dejé en el portal para hablar con esas personas, mientras mi padre había ido a denunciar. Pero, mientras hablaba con ellos, uno me robó el sable. No lamento la pérdida del arma. Sin embargo, mientras le escribo, mi padre está poniendo una denuncia y esos hombres tienen mi sable y podrían decir que los amenacé con él. Lamento haberme dejado llevar con esa arma, que al final no desenvainé ni utilicé, pero que aquellos hombres vieron y podrán usar contra mi padre o contra mí. Es el acto más desmesurado que he cometido en mi vida y, evidentemente, estoy lejos del dominio de mí mismo y del zen... Lamento mucho haber actuado así, pero ¿hice bien en actuar?<br />

 ¿Cómo reparar este error? <br /><br />

 Le agradezco de antemano su respuesta. <br />



 Gassho.<br />

Emmanuel

Respuesta del maestro Kosen

Ha actuado bien, salvo por haber perdido el sable. Sabe que, cuando se saca un sable, es para cortar, y hoy en día es un poco delicado cortarles la cabeza a las personas en la calle. Y, si no tiene intención de cortar con el sable, hace el ridículo en la calle con semejante arma.

Es una buena lección para que comprenda más profundamente el espíritu auténtico del iaido.<br />

En una situación así sería más eficaz emplear un nunchaku.<br />

Kosen


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