Pregunta
Consumo drogas diversas desde la adolescencia y actualmente estoy «ligado» a la toma regular de analgésicos, que consumo por sus efectos psicotrópicos.
Paralelamente, la vida me tomó de la mano siendo bastante joven y me puso en un camino espiritual, al que todavía dudo en llamar la Vía. Después de descubrir mediante la lectura el budismo tibetano y después el theravada, practiqué yoga durante unos años y terminé apasionándome por el aikido. Por último, desde hace algún tiempo practico zen, que a mis ojos es la esencia más pura de la espiritualidad contemporánea.
El sufrimiento que genera mi adicción y la energía de la desesperación son un verdadero motor para mi práctica. ¿No afirman los patriarcas que el satori hunde sus raíces en la ilusión y que el loto crece en el barro de los pantanos?
Sin embargo, siento que estoy preso de un esquema dualista de destrucción y construcción, convertido en una auténtica forma de existencia, y que llego a cultivar esa «bipolaridad». Me alimento de culpabilidad. A los periodos de «mutilación química» les siguen periodos de práctica intensa y sigo sin conseguir romper el círculo. Haciendo referencia a las palabras del maestro Deshimaru, siempre tengo la impresión de «caminar hacia el sur pensando en el norte», o a la inversa. A pesar de todo, tengo fe y siento un lento avance hacia la armonía, por cierto, completamente independiente de mi voluntad.
He heredado una personalidad muy sensible a los fenómenos energéticos y siento la práctica espiritual como una profunda transformación de mi mundo interior, con una conciencia aguda de la revolución que implica. Eso me da miedo, tan encajado como estoy en el cómodo esquema de placer y desagrado sobre el que me he construido durante todos estos años. Para personas como yo, quizá haya una solución en la célebre respuesta «¿Has terminado de comer? ¡Pues ve a lavar tu cuenco!» y en la paciencia. Pero mi vida cotidiana es la que es y hoy estoy en la duda. Quisiera conocer su opinión sobre esta situación y sobre los medios que podría poner en práctica para superar quizá lo que creo que es un escollo.
Perdón por tantos «yo» y mil gracias por su luz.
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
En efecto, es un cabo, es un pico; qué digo, es un pico, ¡es una península!
Kosen