Pregunta
Desde la adolescencia siempre estoy «con el culo entre dos sillas». Las sillas son estas: ¿debo responder a las ofensas, casi siempre verbales, para no parecer un cobarde ante los demás (aunque la verdad no esté muy lejos), a riesgo de alimentar mi orgullo? ¿Debo «trabajar más para ganar más», sabiendo que eso alimenta una codicia incesante? En el trabajo no consigo aceptar la conducta de algunos que se escaquean, pero, si doy lo mejor de mí, los compañeros me ven como un «pelota» y la dirección se aprovecha a costa de mi vida familiar y privada sin que reciba nada a cambio (¿tendrán razón algunos de mis compañeros?). Y, si adopto la idea de hacer solo aquello por lo que me pagan, o incluso menos, no me siento limpio, sino adormecido y hastiado. Además, tengo una necesidad constante de reconocimiento, de compañeros y superiores, algo difícilmente compatible. Y, por último, ¿puedo elegir una vida sencilla, rechazando toda tentación inútil, sabiendo que mi mujer comparte esa visión, pero que mis hijos (uno de cinco años y otro que está por nacer) podrían quedar marginados en su entorno por no seguir las mismas modas? Me he perdido en el camino, ¿puede ayudarme?
Anónimo
Respuesta del maestro Kosen
No se puede basar la vida en lo que piensan los demás.
Solo hay que estar de acuerdo con uno mismo.
Kosen