PREGUNTA (resumida):
¿La santidad al igual que el despertar no existen?
PREGUNTA (original):
Cuando jóvenes chicas trataban a San Francisco de Asis de santo, éste solía responder: no soy un santo, podría hacerles un niño. Para mí, es un koan, y mi interpretación: el caso es que la santidad, al igual que el despertar, no existen. Cualquier ser que diga que está despierto, ¿puede él estar seguro de su reacción delante de la muerte de su hijo, el anuncio de un cáncer, su propia muerte o la vista de una mujer guapa desnuda....?
REPUESTA
Un día Francisco, San Francisco, caminaba detrás del hermano León a través del bosque. Tenían la costumbre los dos de hacer estas marchas silenciosas en los bosques. Bajaron la pendiente de un barranco en el fondo del cual gruñía un torrente de agua. El lugar estaba retirado y era de una belleza salvaje y pura. El agua saltaba sobre los peñascos, completamente blanca y exultante con breves fragmentos de azul. Se extendía una gran frescura que penetraba los bosques vecinos.
Algunos enebros habían crecido allí entre los peñascos que sobresalían del agua centelleante.
'¡Nuestra hermana el agua!' exclamó Francisco acercándose al torrente, '...su pureza canta la inocencia divina.'
Y saltando de un peñasco al otro, el hermano León atravesó rápidamente el torrente. Francisco lo seguía más despacio. León, que lo esperaba de pie sobre la otra orilla, miraba el agua límpida fluir con rapidez, y aún cuando Francisco lo alcanzó, León permanecía en su actitud contemplativa. Parecía no poder desprenderse de este espectáculo. Francisco lo miró y vio la tristeza en su rostro.
«
-Tienes un aire soñador -simplemente le dijo.
-Si pudiésemos tener exactamente un poco de esta pureza, respondió León,
nosotros conocimos también esta alegría loca y desbordante de nuestra hermana el agua y de su impulso irresistible.'
Había en sus palabras una profunda nostalgia. La mirada melancólica de León estaba fija en el agua que no la dejaba de huir en su pureza imperceptible.
-¡Venga! le dice Francisco tomándolo por el brazo.
Reanudaron ambos su marcha, y después de un largo rato en silencio, Francisco le pregunta a su amigo:
-¿Sabes tu, hermano, lo que es la pureza de corazón?
-Es no tener faltas que reprocharse, respondió León sin vacilar.
-¡Ah! Comprendo tu tristeza, dijo Fransisco, uno siempre tiene algo que reprocharse.
-Exactamente, dijo León, y eso hace precisamente que me desespere por llegar un día a la pureza del corazón.
Francisco le dice:
-Escucha, hermano León, no te preocupes tanto de la pureza de tu alma. Vuelve más bien tu mirada hacia la existencia universal, admírala, alegrate de lo que es en toda su pureza, su espontaneidad, su gracia. Es esto, pequeño hermano, tener incluso el corazón puro. Y cuando te vuelvas así hacia Dios, no vuelvas sobre tí mismo, ni siquiera te preguntes dónde estas. Tu tristeza de no ser perfecto es aún un sentimiento humano. Es necesario ampliar tu mirada, aumentar tu visión. El corazón puro es el que percibe y se vuelve hacia el Dios vivo.
Entonces León respondió:
-Pero la santidad y la pureza reclaman nuestro esfuerzo.
-La santidad no es una realización de uno mismo ni una plenitud para uno mismo. La santidad es un vacío en primer lugar, con tal que se lo acepte, y este vacío se llenará de existencia universal en la medida en que uno se abra. »
KOSEN!