ni crimen, ni dicha, ni pérdida, ni ganancia
A los ojos de los budas no existe ni crimen, ni dicha, ni pérdida,
ni ganancia. Ciertamente matar a un hombre es un crimen, pero en la
guerra es a veces un heroísmo loable... Despertarse
al espíritu de Buda, es convertirse en una persona a la que nada le separa
del universo. Al comienzo del sutra de Bodhidhama aparecen estas palabras: "Nuestra
naturaleza es misteriosamente sutil. " Esto significa que ustedes son
sin límite y que yo me encuentro en ustedes. Entonces, no puede existir nada que
mate. Lo que quiero decir, es que si yo no mato, no es porque alguien o algo
me lo prohíba, sino porque no puedo matar. Y no es por que no tenga
derecho por lo que no robo, sino porque no puedo robar.
Si hay un sujeto y un objeto, no hay el dharma de Buda. Ustedes y yo
estamos unidos; el enemigo y yo estamos unidos. Y esta misma vía, este mismo
dharma, esta misma certificación y esta misma práctica jamás son
perturbadas o destruidas. Está realmente bien, no hay nada
mejor.
La bomba atómica puede eventualmente salvar el campo de los que la utilizan
pero no el campo de los enemigos. Sólo zazen salva a ambos: amigos y enemigos. Volverse
buda es simplemente sentarse en zazen. Comprender la Vía es seguirla.
Práctica y satori son la misma cosa, pero con práctica o sin ella, el satori está ahí.
Es muy difícil de comprender.
Cuando se practica en medio de las ilusiones, el satori viene por primera
vez antes de que se sea consciente de ello. ¿No es una práctica maravillosa?
Sólo sentarse, sin desear nada. Se habla de eternidad,
pero la eternidad es practicar aquí y ahora. Si consigo
hacerles comprender ésto profundamente, ¡no vivirán
hasta los 50 en la oscuridad! Sino, no pueden seguir la vía de
Buda. Zazen, es practicar aquí y ahora. ¡Ahora! ¡Ahora!
¡Ahora! Porque nada es eterno. Por tanto, incluso la salud
no es nada; incluso la inteligencia no es nada. Entonces hay que atrapar ésto
tan importante que resuleve el dolor que se tendría
si ahora a uno le cortansen la cabeza.
El dojo es el lugar donde se mata a los hombres. Mientras el hombre vive en nosotros,
este mundo es un mundo de ilusiones y de quimeras. Es importante
morir para ver el mundo. Visto desde el ataúd, es un espectáculo interesante.
La realidad del verdadero mundo es magnífica a poco que uno se retire sus cristales
teñidos para contemplarla. Pero de ésto no pueden
discutir con los hombres. Entonces, hay que matar al hombre. Y cuando el hombre está
muerto, todo bien.
La religión, no es transformar el mundo exterior sino transformar completamente
este ojo, esta oreja y este cuello. La religión no es pensar, sino practicar.
Lo úniico es la práctica religiosa. Nada que ver con las verdades
elogiadas en el envase de un medicamento. Por la práctica cotidiana
uno nacerá en el paraíso, y perdiendo la práctica cotidiana, uno nacerá
en el infierno. El paraíso del que hablo, es la calma, la fuerza tranquila de un
hombre para el que no hay ni bien ni mal, ni Buda ni satori, nada que
buscar, nada de lo que huir.