Reflexiones sobre el zen y la física moderna
por el Dr. Vincent Vuillemin, monje zen, jefe de proyecto del CERN
sobre una experiencia del nuevo acelerador de partículas

Hasta principios del siglo XX, el acercamiento científico difundido
en el mundo occidental se ha basado siempre en la observación de los
fenómenos externos que nos rodean, seguido por un acercamiento lógico
explicativo en forma de teorías o modelos. El ser humano ha observado
al mundo como un objeto de estudio separado de su propio ser. La realidad del
mundo ha sido percibida como una entidad regida por leyes inmutables hasta ahora
desconocidas, por leyes que escapan a nuestro conocimiento en este momento,
pero cuyo descubrimiento fue considerado inevitable y que dependía sólo
de los progresos para alcanzar nuevos medios de observación. Muchas personas
participan aún de esta opinión y creen que cualquier realidad
puede ser conocida, siempre y cuando los telescopios o microscopios sean lo
suficientemente poderosos.
Este acercamiento científico tiene la enorme desventaja de mantener una
separación entre ser humano y el universo que lo rodea; lo cual, representa
la causa principal de los actuales problemas del mundo en materia de ecología
y relaciones humanas. Esta forma de conocimiento se ha impuesto en el transcurso
de los siglos a cualquier otra forma de conocimiento y especialmente en las
civilizaciones occidentales ha opacado totalmente al conocimiento intuitivo
y meditativo, más difundidos durante la Edad Media. Por otra parte, no
hay que confundir conocimiento, ciencia y tecnología.
Muchos consideran el acercamiento meditativo, y en particular el del zen, no
científico. Es un acercamiento integral, es decir, abarca al mismo tiempo,
a uno mismo y al mundo del que formamos parte, inmediato, espontáneo
y directo. De cualquier manera, su base es fácil de comprender dado que
nuestras células son similares a todas las células de nuestro
mundo; es bien conocido que estamos constituidos por los mismos átomos
que todo lo que se halla en nuestro universo visible. En ese sentido, la observación
de uno mismo, de la vida que nos habita, es la observación de una parte
de un todo, ésto nos lleva a abrirnos a un conocimiento más amplio,
que es extiende a nuestro mundo.
Ambos acercamientos pueden considerarse ortogonales separados e imposibles
de unir. Sin embargo, la física llamada moderna ha sufrido y continúa
sufriendo, antes que otras ciencias, una revolución profunda, quebrantando
las certezas que teníamos sobre las posibilidades de nuestro conocimiento,
nosotros mismos como sujetos y nuestro mundo exterior como objeto de nuestro
conocimiento. Ocurrió en particular con la llegada de la física
cuántica, de la relatividad del tiempo, de nociones de espacio y de dimensiones
de nuestro universo. Estos dominios de la física no fueron formulados
precisamente por los Maestros zen de la historia, sin embargo, en muchos aspectos
su profunda intuición en lo que concierne a la virtualidad del tiempo,
la no-separación entre nosotros mismos y nuestro universo, se ve ahora
iluminada de forma innegable por los nuevos acercamientos de la física
desarrollados durante las últimas decenas de años.
El objeto de estas escasas líneas es simplemente sugerir que los dos
acercamientos pueden ser no-contradictorios, sino más bien al contrario,
complementarios, conocimiento inmediato e integral y conocimiento basado en
la observación externa y la lógica. Además, a menudo, los
resultados de ambos acercamientos son muy similares y conducen a la misma percepción
global de nuestro universo. En ese sentido, reunirles, reconociendo siempre
sus limitaciones propias, una debida a la verificación, otra debida a
un acercamiento fragmentario, es en sí mismo interesante, cada hombre
desea en el fondo de sí mismo integrar el mundo científico y,
digamos, el religioso.
La física cuántica y el conocimiento
intuitivo.
Evidentemente, aquí no se trata de abarcar todo el campo, sino de tratar
de sugerir, y no de explicar por completo, el paralelismo entre la enseñanza
de los antiguos Maestros zen y lo que ahora aparece admitido por todo el mundo
en física cuántica. Para ello es inevitable recordar algunas nociones
básicas de física cuántica. Estas nociones no son inmediatamente
evidentes para aquellos que, como todos nosotros, vivimos en mundo macroscópico.
El mundo macroscópico que nos rodea está regido por las leyes
de causas y efectos. En este mundo, la materia es la materia y las ondas, por
ejemplo luminosas, son ondas. Por ejemplo, las olas, las ondas son los movimientos
del agua, y el agua es simplemente agua. En cambio, en el mundo microscópico
de la física cuántica, las cosas no son tan claras. Se rompe la
dualidad a la que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana. Del mismo
modo, estamos acostumbrados a observar sistemas que interactúan, donde
la información entre sistemas se transmite, por ejemplo, mediante luz
o sonido. Sin embargo, la física cuántica ha demostrado que la
dualidad entre ondas y partículas, digamos materia, debería ser
superada. De igual forma, la observación de fenómenos inmediatos
ha tambaleado nuestras convicciones.
Tomemos un primer ejemplo. La luz no existe en reposo, sino que es la propagación
de una onda, obviamente, a la velocidad de la luz. Por lo tanto, no es material;
no podríamos hacer una mesa con luz puesto que la luz no existe en reposo.
Por otra parte, el electrón que es una pequeña partícula,
en el sentido del vocabulario común y corriente, no es una onda. Sucede
que la luz actúa al mismo tiempo como onda y como partícula, como
un grano de luz. Los electrones, por lo tanto las partículas, se comportan
igualmente como ondas y no como partículas. Entonces, ¿cuál
es la realidad? ¿La luz es una onda o una partícula? Y el electrón,
¿es una partícula o una onda? Por lo tanto, este concepto de dualidad
entre ondas y partículas debe superarse. Debería de inventarse
una nueva palabra en el lenguaje, por ejemplo «parton». Es ciertamente
comprensible hablar de materia en nuestra vida cotidiana, pero en el mundo microscópico
materia y energía son el mismo fenómeno.
En physique quantique, la façon dont nous observons un phénomène
détermine l’état dans lequel il est projeté dans
notre monde macroscopique. Quelle est alors la réalité fondamentale
des choses si notre observation elle-même définit, au sens de notre
vocabulaire, que nous l’observions soit comme matière soit comme
onde, sans consistance matérielle ? On entrevoit donc déjà
que le seul niveau de réalité auquel nous sommes habitués
doit être dépassé et qu'un nouveau niveau de réalité
doit émerger, dans lequel ces contradictions peuvent être dépassées,
intégrées, embrassées. Pour le mental c’est difficile
à saisir, l’esprit humain voudrait conclure qu’il existe
quelque chose de réel qui reste caché. Ce n’est pas le cas.
Ce caché n’existe pas et la nature des choses est bien dans cette
contradiction apparente, ceci si l'on se limite à un seul niveau de réalité.
Pourtant il est possible de concevoir une logique qui permet, non de résoudre
les contradictions, mais de les accepter. C'est une autre dimension de logique.
Il en va de même en fait dans notre vie de tous les jours où nous
devons embrasser les contradictions auxquelles nous sommes confrontés.
A lo largo del tiempo, los Maestros zen han afirmado siempre que la materia
es los fenómenos (el electrón la onda) y que los fenómenos
son la materia (la onda el electrón). La naturaleza fundamental de todas
las cosas, materia, fenómenos, es el vacío, llamado ku. Todas
las cosas, todos los fenómenos, incluso los fenómenos de la mente,
en esencia, permanecen en potencia en ku, provienen de ku y regresan a ku. En
este sentido, no existe en nuestro universo más que fenómenos,
no existe ningún noúmeno. La materia misma es un fenómeno
y carece de existencia intrínseca; su propia esencia es ku. Ku, aunque
no se pueda traducir literalmente, quiere representar en palabras, el vacío
potencialmente habitado por toda energía o materia, que vienen a ser
lo mismo desde la conocida ecuación de Einstein E=mc2. Hoy en día
en física, se habla de vacío y de campo, lo que en esencia es
la misma cosa. En física de partículas, cuanto más tratamos
de comprender los fundamentos de la materia, más nos encontramos con
lo que podríamos llamar el vacío. El vacío está
habitado por campos interactivos que se materializan cuando son atravesados
por un grano original, o por un grano de luz o por una perturbación energética.
De alguna manera se polariza. Un campo es el concepto científico de ku,
del que habla el budismo desde los tiempos más remotos. El concepto de
partículas u ondas es reemplazado por el de campos. Del mismo modo que
ku no puede observarse en sí mismo, tampoco los campos, sin embargo,
se manifiestan de diferentes maneras según el método de observación,
o según la manera en la que son proyectados en nuestro mundo macroscópico.
La esencia de esta nueva física ya estaba contenida en la intuición
de los Maestros zen. Hoy en día, el acercamiento intuitivo y científico
se están reuniendo; el uno inmediato, completo y expresado mediante imágenes;
el otro la verificación mediante observaciones realizadas en nuestro
mundo real de cada día. El acercamiento del zen ha sido el acercamiento
directo e intuitivo a ku; el acercamiento científico, después
de numerosas observaciones, deducciones y contradicciones ha resuelto, ha encontrado
por otro camino el mismo concepto.
La interdependencia: interacciones y variables
no locales.
Veamos un segundo ejemplo. Comencemos esta vez por el acercamiento del zen
concerniente a la interdependencia. Esta interdependencia se concibe como inmediata
y global. Esto se traduce por ejemplo, en la siguiente frase: una persona que
practica zen modifica al universo entero. Comprender esta frase haciendo intervenir
una interacción que se propaga en primer lugar, dentro de nuestro entorno
cercano, y luego cada vez más lejos, está claramente justificado.
Sin embargo, la frase también contiene una noción de inmediato
y universal sin hacer intervenir ninguna interacción que se propaga poco
a poco, como si nuestro universo entero fuera uno, unido y completamente interdependiente.
A priori esto parece estar en contradicción con el hecho de que en nuestro
mundo ninguna interacción puede propagarse a más velocidad que
la luz. A esta tasa de velocidad serían necesarios millones de años
para que la influencia de una persona que practica zazen se propagara hasta
las fronteras de nuestro universo. Sin embargo, en física un nuevo fenómeno
acaba de ser completamente verificado y establecido en los últimos meses,
y prueba que un sistema unido en sus condiciones iniciales permanece unido,
y que el cambio de un elemento, modifica inmediatamente a los demás sin
que haya tiempo para que ninguna señal se propague de un elemento a otro
Se emiten dos partículas de luz provenientes de la desintegración
de un átomo. Esas dos partículas de luz son enviadas en direcciones
opuestas a través de kilómetros de distancia de fibra óptica.
A pesar de estar separadas por kilómetros de distancia, su estado permanece
unido, es decir que una modificación del estado de una de las partículas
es inmediatamente observable en la otra sin que haya habido tiempo para que
una señal se propague, a la velocidad de la luz, de una a otra. El fenómeno
es inmediato, no existe separación espacial, el espacio es discontinuo.
Es otro nivel de realidad. Por el momento, ningún formalismo matemático
permite pasar de un nivel de realidad a otro. Pasar de las leyes del mundo cuántico
a las del mundo macroscópico. Este experimento demuestra lo que presentían
los Maestros zen cuando hablaban de la interdependencia entre todos los seres,
en el amplio sentido de nuestro universo, de interdependencia inmediata, sin
ninguna separación espacial. Por lo tanto, en nuestro universo se encuentran
fenómenos que han permanecido durante mucho tiempo desconocidos para
el mundo científico y que se aproximan a lo expresado desde el principio
en el budismo.
Ambos acercamientos son pues complementarios, en el sentido que la intuición
es ciertamente correcta, pero puede beneficiarse de la observación científica
para ser verificada y proyectada como un fenómeno real en nuestro mundo
visible. Se podría comparar este proceso a la proyección del mundo
de Buda, fuente de intuición integrada, en nuestro mundo cotidiano, el
mundo de la observación de los fenómenos físicos. Con este
conocimiento, el progreso científico, siempre que conserve la modestia,
puede llevar al ser humano a comprender la naturaleza profunda de las cosas.
Como decía Buda: si les digo que tengo un diamante dentro del puño,
tendrán que creerme. Si abro la mano, lo ven. En ese sentido, el progreso
científico en la comprensión de nuestro universo facilita el hecho
de abrir la mano, así todos pueden ver el diamante.
Otra dimensión de
la realidad
Según el descubrimiento de Planck que es el fundamento de la física
cuántica, la energía tiene una estructura discreta, discontinua.
Su unidad fundamental es el quantum. Ésto supone una verdadera revolución.
Estamos acostumbrados a un mundo continuo, hecho de relaciones de causas y efectos,
de interacciones de un lugar a otro y de un tiempo lineal. Entonces, ¿cómo
entender un mundo hecho de entidades discontinuas, los quantum?¿Cómo
comprender la verdadera discontinuidad?, es decir ¿cómo imaginar
que entre dos puntos no hay nada, ni objetos, ni átomos, ni partículas,
simplemente, nada? ¿Cómo, a pesar de que la física no haya
abordado realmente este tema y que el tiempo todavía se considere una
variable continua, cómo se puede entender la relación entre el
tiempo que transcurre y el instante? ¿Cuánto tiempo hay entre
dos instantes? ¿Es el tiempo una sucesión de instantes? ¿Cómo
conciliar a la vez el tiempo que fluye y la discontinuidad de los instantes?
En la física se ha establecido una cojera: se conserva a un tiempo el
espacio-tiempo de la física clásica y las leyes de la física
cuántica . Realmente, es una cojera que acarrea muchos problemas de comprensión.
Hemos visto que los conceptos clásicos de partículas de materia
y ondas no son entidades cuánticas, muy diferentes de los objetos de
la física clásica. Hay que colegir, pues, que bien sean a la vez
ondas y partículas, bien que no sean ni ondas ni partículas. Debemos
abandonar el dogma de la existencia de un único nivel de realidad. Los
objetos cuánticos están sometidos a las leyes cuánticas,
rompiendo las leyes del mundo macroscópico. Existen dos niveles de realidad:
Una lógica simple donde una cosa y su contrario existen solamente de
forma separada, debe ser superada. Por ejemplo, si uno permanece en el único
nivel de realidad del mundo macroscópico, el mundo de la dualidad, las
ondas y las partículas aparecen separadas, es una contradicción.
La introducción de un nivel de realidad permite superar esta contradicción.
Por ejemplo, en esta realidad ondas y partículas están de hecho
unificadas y se llaman "quantum".
El surgimiento de un nivel de realidad donde las contradicciones son superadas,
naturalmente conciliadas, es esencial. Desde siempre, éste nivel de realidad
es parte de la esencia del conocimiento en el budismo. Durante zazen, la aparente
dualidad entre cuerpo y espíritu se supera mediante una conciencia integrada
cuerpo-espíritu. Este acercamiento intuitivo e integrado se convierte
en un ingrediente esencial de nuestra forma de ver las cosas en la vida cotidiana.
Vivimos, y en consecuencia, podemos decir que nuestro tiempo fluye, pero igualmente
vivimos únicamente a cada instante. Si permanecemos en un único
nivel de realidad, no podremos reunir ambos. Durante zazen esta contradicción
desaparece, la conciencia del tiempo y del instante se unifican. Se trata de
un acercamiento integrado al mismo tiempo de sí mismo y del mundo del
que formamos parte, inmediato, espontáneo y directo. Un acercamiento
en el que uno mismo y el mundo que nos rodea están reunidos, unificados.
Por otra parte, ésto representa la única vía, la única
esperanza para el ser humano, la esencia de la ecología, el respeto y
la compasión por todos los seres.
El tiempo en la física y el instante.
Basta con hacerse honestamente esta pregunta para darse cuenta de que el tiempo
es un concepto que vive en nosotros. El tiempo no tiene ser propio y no es por
tanto mesurable en sí mismo. Es percibido en función de las cosas,
en función de los acontecimientos, en función de un tema, de los
seres humanos, por ejemplo. En física, el tiempo ha sido limpiado de
todo lo que lo le hace importante para nosotros, su concepto se ha simplificado
completamente, formalizado, matematizado.En física el tiempo carece,
por ejemplo, de dirección; el pasado y el futuro no existen. Además,
las ecuaciones de la relatividad general son simétricas con respecto
a la variable tiempo. Éste es un tiempo extremadamente pobre en relación
con el que vivimos y la ciencia tuvo que realizar un esfuerzo considerable a
fines del siglo XIX para restablecer su irreversibilidad.
Hemos conservado en nuestras mentes este concepto de tiempo lineal que transcurre.
Es real, es suficiente con observar el transcurso de la vida. Pero nuestra conciencia
de un tiempo que transcurre de manera regular y universal ha cambiado profundamente
en la época moderna.
En un capítulo del Shobogenzo, Uji, el Maestro Dogen habla del ser-tiempo.
Innumerables escritos han hablan del tiempo, también en física,
con la flecha del tiempo --la dirección del tiempo-- , porqué
en nuestro mundo el tiempo se ve transcurriendo en un único sentido.
Hasta estas últimas décadas el tiempo era considerado en las sociedades
occidentales como una entidad absoluta. El tiempo, o más bien su medida,
está exactamente definida. Sin embargo, por un lado, en el siglo XIII
el Maestro Dogen habló del ser-tiempo, es decir, expresó el hecho
de que fuera de los seres, de nosotros mismos en particular, o de forma más
general de la presencia de materia, el tiempo no existe de manera absoluta.
El tiempo está completamente unido a los seres. Por otro lado, ya en
nuestro siglo, Einstein demostró que el tiempo es un concepto relativo,
que depende del punto de referencia desde el cual lo observamos y de las masas
presentes. El tiempo ha caído en picado de su pedestal de variable absoluta.
Uno de los grandes descubrimientos de Einstein fue establecer, en la teoría
de la relatividad general, que el tiempo no es absoluto, sino que su observación
se modifica por la presencia de masas en nuestro universo. En la nada absoluta
(llamada kakunen musho en los textos zen), el tiempo no existe, primera cosa.
En este sentido, hablar del principio de nuestro universo se refiriere únicamente
a un concepto inexacto de tiempo absoluto y no de tiempo relativo, porque la
distribución de las masas en el interior de nuestro universo está
en constante cambio. En este sentido se podría decir que nuestro universo
ha surgido de la infinidad del tiempo, que nuestro universo y su tiempo han
nacido a la vez, como se acostumbra a decir. En el budismo el concepto de tiempo
que separa el nacimiento del universo de su desaparición, es muy vago,
y corresponde a la idea de kalpa. Por otra parte, siendo también un kalpa
un parpadeo del ojo de Buda, es evidente que no tiene contenido real o mesurable
de manera absoluta. De todas formas, ésto no impide, que en nuestra época,
en nuestra vida, podamos hablar del tiempo transcurrido, medido, por ejemplo,
por el desplazamiento de las agujas de un reloj.
El concepto de tiempo desaparece a nivel cosmológico ya que no existe
ninguna referencia exterior a nuestro universo visible para medirlo. Es pues
un concepto interno a nuestro universo. El concepto de la medida de tiempo transcurrido
entre la aparición y la posible desaparición de nuestro universo
no tiene significación en sí mismo, se podría hablar tanto
de miles de millones de años o como de fracciones de segundos. Por otro
lado, dentro de nuestro universo, la medida del tiempo no es absoluta.
Dogen decía lo mismo con otras palabras. Nuestra observación
del tiempo depende de dónde estamos, depende y está ligado a nuestro
ser. Dogen primero se dio cuenta de que el tiempo no era un concepto absoluto;
más tarde ésto fue observado y demostrado por la física.
Pero también, el conocimiento de la relatividad del tiempo por las observaciones
de la física permite así mismo al ser humano darse cuenta de la
relatividad y la impermanencia de todas las cosas, el mundo ya no se percibe
como una entidad fija, exterior a nosotros. Negar la impermanencia de todas
las cosas es, ciertamente, una fuente de sufrimiento para el ser humano. Por
otro lado, los conceptos fundamentales de la física cuántica nos
permiten ver a todas las cosas como en un constante cambio, en una interacción
mutua, unidas unas a otras, como los seres humanos lo están los unos
a los otros y al mundo en el que viven.
El universo.
El budismo antiguo habla a cerca de multitud de universos que aparecen y desaparecen
a través de innumerables kalpas. Como si cada uno de esos universos fuera
semejante a una burbuja que crece, explota y desaparece, seguido de otras burbujas.
Nosotros sólo podemos conocer nuestra propia burbuja, lo cual no excluye
que existan otras que permanecen desconocidas para nosotros, otros universos
separados por siempre por la frontera de la nada.
Por tanto, el budismo antiguo ha hablado siempre de una multitud de innumerables
universos, mientras que la ciencia occidental sólo habla de nuestro universo.
¿Cómo comprender este hecho? Aunque se trate de nuestra percepción
cotidiana, no vivimos en un universo hecho de líneas rectas. Einstein
demostró en su teoría de la relatividad general, que la geometría
de nuestro universo se curva por la acción de las masas o de la materia,
presentes. Por lo tanto, vivimos en un universo curvo. Los conceptos de espacio
y materia están vinculados; el espacio no existe, o no tiene ningún
significado sin la presencia de la materia, Entonces, la nada es un concepto
inconcebible para nosotros ya que no tiene ni tiempo ni espacio. Nuestro universo,
aunque nos parezca ingenuamente infinito, encuentra su límite natural
en el vago punto donde cesa la influencia de las masas que lo componen. En ese
sentido, puede ser percibido como finito o infinito, porque este límite
es vago. Por otra parte, nuestro universo visto en su totalidad podría
considerarse un inmenso agujero negro.
Nada se opone a la presencia de universos múltiples e incontables,
cada uno completamente ajeno al otro, carentes de conexión espacial o
temporal entre sí. Separados por la nada, aunque, de hecho, el concepto
de separación no tiene ningún sentido, porque no puede ser medido
por nada. Los universos están aislados. Hablar de distancia entre ellos
no significa nada ya que no existe ninguna geometría común. El
ser humano sólo puede conocer o aprehender al universo en el que vive,
que ha generado sus propios átomos y sus propias células, como
las de su cerebro, por ejemplo. Eso no le impide sospechar que su universo no
es el único, aunque de hecho, para él mismo su universo es único.
Los otros universos permanecen por siempre desconocidos para él; en este
sentido, el suyo es único.
Cuando se habla de universo, es importante saber si se está hablando
de nuestro universo o del conjunto de todos esos universos sin conexión.
A la vista de estas consideraciones, es probable que el ser humano pueda comenzar
a percibir una infinidad mucho más inmensa de lo que lo consideró
hasta ahora. Se dice que el universo del zen es infinito. Este infinito ha sido
presentido desde los tiempos más remotos. A partir de nuestro siglo,
esta percepción puede ser enriquecida por la lógica científica.
Esta percepción nació en primera instancia de la intuición
generalizada del mundo de Buda.
El tercer milenio, y en particular el siglo XXI, será testigo de la
unificación progresiva de la ciencia y del denominado mundo religioso,
de la comprensión integral de nuestro universo, llendo ambos de la mano.
Esa fue la predicción del Maestro Deshimaru..