ETERNIDAD, MOMENTO Y SER -TIEMPO: ¿Una Paradoja?


tungstène

Artículo del Dr. Vincent Vuillemin, monje zen, jefe de proyecto del CERN

Para la mayoría de la gente la eternidad evoca un concepto de tiempo lineal, una serie de una duración infinita de nuestro universo. El momento por su parte evoca un momento fugaz que no pudimos retener. En cuanto al tiempo en sí mismo todos creemos saber lo que significa, pero ¿existe en realidad?
Las palabras hacen surgir generalmente en nuestro cerebro imágenes o conceptos elaborados a partir de lo que conocemos por nuestra experiencia. Anticipamos una duración normal de nuestra vida, conocemos las estaciones, los días y las noches, las fases de la luna. La medida del cambio, de la rotación de la tierra, de estos fenómenos naturales, se la llama el tiempo. Sólo se trata en realidad de una medida del cambio, de una segmentación de la duración, hoy extremadamente exacta, de todo lo que evoluciona. En un vacío absoluto, el tiempo no existe. Ninguna actividad está presente, no cambia nada, ninguna medida es pues necesaria, el tiempo no tiene ningún sentido. Si nuestro universo surgió de la vacuidad, el tiempo nació con él. Sin universo, no hay tiempo. Si esto es verdadero, ¿qué quiere decir la eternidad para nosotros que vivimos en un mundo temporal?. La eternidad se definiría entonces fuera del tiempo; en realidad la eternidad sería lo que es cuando el tiempo no existe. Al contrario si nuestro universo procede de una evolución eterna pre-universo, desapareciendo y reapareciendo, el tiempo existiera antes de nuestro mundo. La eternidad es entonces concebible como un concepto temporal, una duración infinita. Una de dos: o la materia, el espacio, el universo han estado presentes, cambiando y renovándose de manera eterna y el tiempo contiene a la eternidad, o no es el caso y la eternidad está fuera del tiempo. ¿Existe en la realidad o sólo se le define en el vacío absoluto?

El momento lleva también a una paradoja. Cómo considerar un momento en relación al tiempo que pasa. Un momento es inmediato, puesto que alcanza nuestra conciencia, él ya pasó. Podemos conocer la duración, pero no el momento. En una concepción del tiempo que pasa continuamente, el momento es inconcebible. ¿Qué duración separa incluso dos momentos sucesivos si se acercan casi infinitamente? El momento parece pues fuera del tiempo. O entonces debemos considerar que la duración se hace de momentos sucesivos que se siguen, tan cercanos unos con otros que aparentan ser en nuestra escala macroscópica un fenómeno continuo. Similar a la cuantificación de la energía existiría el tiempo cuántico. ¿Pero cuál sería entonces la dinámica natural que haría pasar de un momento a otro momento? De nuevo una de dos: o el tiempo es lineal y no puede contener el momento, o el tiempo se cuantifica y no sabemos lo que lo hace surgir.
¿De qué se trata todo esto entonces? Vemos que envejecemos, decimos el tiempo pasa. Sin ningún ser, en un sentido amplio, no hay tiempo. Nosotros somos los seres y el tiempo es la medida de nuestra impermanencia. Dogen dijo: somos seres-tiempo. Para nuestra vida, el tiempo nace con nosotros y desaparece con nosotros. Entonces la eternidad, el momento, al final no son más que palabras. Hemos inventado estas palabras que no expresan ninguna realidad, excepto en nuestro mente, palabras que no corresponden a ningún ser. ¿De dónde vienen? ¿de nosotros mismos? En este sentido somos seres-universo también, seres-eternidad, seres-momento, seres-zen, que practican lo que existe en este mundo, el cuerpo-espíritu en zazen.
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